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Categoría: NACIONAL
De la profecía de su muerte en los 90 al fracaso del puro archivo digital: la pintura física reafirma su valor ontológico, crítico y, sí, también de inversión.
Hubo un tiempo, no tan lejano, en que las salas de los departamentos de Bellas Artes resonaban con un debate obsesivo. La irrupción de lo digital –el Photoshop, el plotter de imágenes, el videoarte, la realidad virtual– anunciaba, para muchos teóricos y críticos de los años 90, el ocaso inevitable de la pintura. Se la consideraba un relicto burgués, un artefacto lento y materialista en un mundo que se aceleraba hacia lo inmaterial, lo reproducible y lo interactivo. La imagen había sido liberada de su soporte, y con ello, se vaticinaba, moriría la vieja disciplina del óleo y el lienzo.
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