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Alexandra Ranner: Rumor, cuando la realidad empieza a resultar extraña

Alexandra Ranner: RumorCentro Galego de Arte Contemporánea (CGAC), Santiago de Compostela
13 de marzo – 27 de septiembre de 2026
Comisaria: Piedad Solans

Hay exposiciones que uno contempla y abandona con la sensación de haber visto una sucesión de obras. Y hay otras que, de alguna manera, continúan después de salir del museo. Rumor, la exposición que Alexandra Ranner presenta en el Centro Galego de Arte Contemporánea de Santiago de Compostela, pertenece a esta segunda categoría.

La artista alemana, nacida en Osterhofen en 1967 y residente en Berlín, presenta en el CGAC su primera exposición individual en un museo español. La muestra reúne trabajos realizados desde 2003 hasta la actualidad y recorre diferentes medios —fotografía, escultura, instalación y vídeo— sin que resulte sencillo encerrar su producción en una única categoría artística.

Y quizá esa dificultad para clasificarla sea precisamente una de las claves para acercarse a su trabajo.

Porque Rumor no es una exposición que pretenda tranquilizar al espectador.

Entrar en un lugar que parece conocido

Personalmente, tuve la oportunidad de visitar la exposición en el CGAC y debo reconocer que salí de ella con una impresión especialmente positiva. Hay algo en el trabajo de Ranner que consigue atraparte sin recurrir a los mecanismos habituales del espectáculo.

La exposición produce una sensación extraña.

Al principio reconocemos elementos: una arquitectura, un paisaje, un cuerpo, un animal, una habitación, una construcción. Son cosas que pertenecen a nuestro universo visual. Pero poco a poco esa familiaridad comienza a resquebrajarse.

Algo no termina de encajar.

Y es precisamente ahí donde comienza Rumor.

El propio título resulta revelador. Un rumor no es todavía una certeza. Es algo que circula, que se percibe, que provoca una reacción, pero cuyo origen permanece parcialmente oculto. Puede ser una voz, un sonido, una sospecha o simplemente la sensación de que algo está sucediendo aunque todavía no podamos determinar exactamente qué.

La exposición funciona de una manera semejante.

Ranner no entrega una narración cerrada. Nos coloca ante situaciones que parecen pertenecer a un mundo que conocemos y, simultáneamente, a otro que se encuentra ligeramente desplazado.

Una estética del colapso

Uno de los aspectos más interesantes de la propuesta es la insistencia en espacios situados en una especie de territorio intermedio: antes o después de una catástrofe, entre la presencia y la ausencia, entre lo construido y lo abandonado, entre un pasado que todavía permanece y un futuro que no acaba de llegar.

El CGAC señala como preocupaciones recurrentes de Ranner la soledad, el colapso, la indefinición espacial, las ruinas y los lugares anteriores o posteriores a una catástrofe. Sus personajes —humanos y animales— aparecen sometidos a estados emocionales como el aislamiento, la pérdida, la inseguridad, la ternura o el encierro.

Pero hay algo que evita que Rumor se convierta en una exposición simplemente sombría: el humor.

Y no se trata de un humor fácil.

Es un humor extraño, incómodo, a veces casi absurdo, que aparece precisamente cuando la situación parece más inquietante.

Esta combinación entre amenaza y humor es, a mi juicio, uno de los grandes aciertos de Ranner. La artista consigue que podamos contemplar una escena inquietante sin que la obra nos dicte exactamente cómo debemos sentirnos ante ella.

La propia información del CGAC subraya la importancia del humor, el sarcasmo y el absurdo en su producción.

El espacio como protagonista

Uno de los grandes aciertos de Rumor es que no parece posible separar completamente las obras de la arquitectura del CGAC.

La exposición ocupa el sótano del museo, y la configuración de las salas adquiere una importancia decisiva. Muros, ventanas, mirillas y espacios de transición participan de la experiencia.

No estamos simplemente ante esculturas y fotografías colocadas dentro de una arquitectura.

La arquitectura forma parte de la exposición.

Ranner trabaja precisamente sobre esa frontera. Sus instalaciones espaciales pueden parecer construcciones reales, pero poseen al mismo tiempo una dimensión psicológica. La propia artista explica que sus construcciones espaciales surrealistas nacen de una relación entre la artificialidad evidente de los espacios y su densidad atmosférica y emocional.

El resultado es inquietante porque el espacio deja de ser un contenedor neutral.

Se convierte en personaje.

Piedad Solans: una comisaria que conoce el territorio de la extrañeza

La elección de Piedad Solans como comisaria resulta especialmente acertada.

Doctora en Historia del Arte, crítica, investigadora y comisaria de exposiciones, Solans ha desarrollado durante décadas una trayectoria vinculada al pensamiento crítico y al arte contemporáneo. Ha trabajado sobre cuestiones relacionadas con la violencia, el cuerpo, la representación, el poder y las estructuras sociales, y ha comisariado exposiciones y proyectos de artistas como Marina Abramović, Eva Lootz o Paloma Navares, además de participar en proyectos internacionales y en la Bienal de Valencia-São Paulo de 2007.

Su trayectoria ayuda a comprender por qué Rumor no se plantea como una simple retrospectiva.

Solans no parece interesada únicamente en mostrar lo que Alexandra Ranner ha producido durante las últimas dos décadas. Lo que propone es establecer una situación en la que las obras puedan activar preguntas.

Y ahí está una de las diferencias entre una exposición correctamente montada y una exposición verdaderamente pensada.

En Rumor, el montaje no es un trámite.

Es parte del discurso.

Entre Velázquez, Goya, Kafka y Beckett

Ranner trabaja desde una posición contemporánea, pero su imaginario no nace exclusivamente de la cultura visual actual.

El CGAC señala la influencia de la pintura renacentista y barroca, especialmente Velázquez, Zurbarán y Caravaggio, así como la de Goya y escritores como Franz Kafka y Samuel Beckett.

La referencia a estos nombres resulta interesante porque ayuda a entender que Ranner no está construyendo simplemente escenarios fantásticos.

Hay una tradición de la representación del cuerpo, del espacio y de lo extraño que atraviesa la historia del arte occidental y que la artista reactiva desde una sensibilidad contemporánea.

En sus imágenes existe algo de pintura.

En sus esculturas existe algo de arquitectura.

En sus instalaciones existe algo de teatro.

Y en sus situaciones existe algo de literatura.

Pero nada termina de pertenecer completamente a una sola disciplina.

Una exposición que merece ser recorrida sin prisa

Hay otro aspecto que me gustaría destacar desde la experiencia de la visita: la conveniencia de realizar la visita guiada que ofrece el propio CGAC.

Es un servicio gratuito del museo y, en este caso, considero que merece especialmente la pena.

No porque Rumor necesite una explicación que nos diga qué debemos pensar —de hecho, sería contraproducente—, sino porque determinadas conexiones entre las obras, el espacio, la trayectoria de Ranner y las decisiones curatoriales adquieren mayor profundidad cuando alguien nos ayuda a contextualizarlas.

Después, naturalmente, queda la experiencia individual.

Y esa es precisamente la que importa.

Una buena exposición no debería agotarse en su explicación.

Debería permitir que, después de escuchar al especialista, uno vuelva a mirar las obras con sus propios ojos.

En mi caso, Rumor consiguió precisamente eso.

Cuando la realidad deja de ser completamente fiable

Quizá la mayor virtud de Alexandra Ranner sea su capacidad para introducir una pequeña grieta en nuestra percepción.

No necesita inventar monstruos.

No necesita construir mundos fantásticos.

Le basta con modificar ligeramente las relaciones entre las cosas.

Un espacio demasiado vacío.
Una arquitectura que parece esconder algo.
Una figura cuya presencia resulta difícil de interpretar.
Un paisaje que podría pertenecer a antes o después de un acontecimiento que nunca llegamos a conocer.

Y entonces aparece la duda.

¿Estamos viendo una escena real?

¿Una memoria?

¿Una ficción?

¿Un lugar abandonado?

¿Un escenario preparado?

¿Algo que acaba de suceder?

¿O algo que todavía está por suceder?

Ese territorio de incertidumbre es, en definitiva, el territorio de Rumor.

Y quizá también sea uno de los territorios más interesantes del arte contemporáneo actual: aquel en el que la obra no intenta sustituir nuestra percepción por una explicación, sino hacer que volvamos a desconfiar —por un instante— de aquello que creemos estar viendo.

Alexandra Ranner consigue que lo cotidiano se vuelva extraño y que lo extraño termine pareciéndonos, paradójicamente, familiar.

Y cuando una exposición consigue hacer eso, cuando continúa trabajando en nuestra cabeza después de abandonar sus salas, probablemente estamos ante algo más que una buena exposición.

Estamos ante una experiencia artística que merece ser vivida.

Hasta el 27 de septiembre de 2026, Rumor puede visitarse en el Centro Galego de Arte Contemporánea de Santiago de Compostela. La entrada al CGAC es gratuita y el museo ofrece visitas guiadas a las exposiciones los domingos.

Por A.P.G.


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