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LA MÁSCARA EN LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

LA MÁSCARA EN LA PRIMERA GUERRA MUNDIALResultaría imposible y desacertado negar, cien años después del final de la Primera Guerra Mundial, que la relación de ésta con el arte es la más intensa y cercana que cualquier otra guerra pudiera haber dado al mundo. Fue ésta la primera gran guerra que el mundo vivía, la guerra que cambió el mundo, la sociedad y su manera de pensar.

No es ajeno para nadie que los artistas participaron activamente en este conflicto. Escritores, pintores, escultores…todos ellos, los que tuvieron la suerte de volver con vida,  dejaron plasmada la honda huella que la guerra les había dejado interior y exteriormente en su obra posterior.

Uno de los elementos fundamentales en este conflicto fue la máscara. En esta guerra se desarrollaron nuevos métodos de ofensa contra el enemigo, siendo uno de ellos el gas mostaza. Contra este nuevo enemigo, el ejército tuvo que desarrollar unas máscaras especiales llamadas antigás. Estas máscaras influyeron tanto en el imaginario de los soldados, que uno de sus ilustres testigos, Otto Dix, lo convirtió en uno de los símbolos de su obra.

LA MÁSCARA EN LA PRIMERA GUERRA MUNDIALTropas avanzando con máscaras de gas, Otto Dix, 1924

 

No es ajeno tampoco el hecho de que la máscara había sido un elemento característico en el ámbito artístico, tanto como parte del imaginario, así como del vestuario teatral que tan en boga estaba durante estos años. El teatro y el espectáculo circense comienzan a tener su impronta en los artistas desde finales del siglo XIX, y de él toman no sólo escenas que representar, sino también la iconografía. Así, la máscara adquiere un papel fundamental en la obra de los artistas de las Vanguardias. La máscara como representación del otro, del alter ego o del propio yo. La máscara como representación de dioses, de héroes o de mortales. La máscara que permite ocultar al propio yo, para poder mostrar la parte deseada. Incluso la máscara como elemento funerario, de recuerdo inmortal, como la máscara que los amigos artistas del pintor Amedeo Modigliani le moldearon cuando yacía muerto en la cama del  hospital.

Durante la guerra, como ya hemos dicho, los artistas se ven influidos por estas nuevas máscaras del “teatro” de guerra. En este momento, el sentido de la máscara ha cambiado: ya no es la máscara divertida del teatro o del circo, ni la máscara que nos permite ser lo que deseamos; la máscara ahora es un elemento terrorífico que anuncia la muerte.

Sin embargo, terminado el conflicto, la máscara cobrará un nuevo significado para muchos de aquellos veteranos de la guerra, para ellos significará la vida.

 

ANNA COLEMAN LADD: PONIENDO ROSTRO A LOS SIN ROSTRO

Hacia el final del conflicto, junto con la Cruz Roja americana, la escultora Anna Coleman Ladd abrió un estudio en el que comenzó a esculpir máscaras para cubrir los rostros desfigurados de aquellos soldados que volvieron del frente con huellas psíquicas, pero sobre todo físicas.

Esta artista, que había estudiado escultura en París, comenzó su carrera esculpiendo figuras de fuentes. Su paso hacia la escultura de nuevos rostros para los soldados fue debido a que su marido fue destinado a trabajar en la Cruz Roja durante los tiempos de la guerra. Ladd, al observar a estos soldados y escuchar las experiencias que traían del frente, decidió esculpirles nuevos rostros para que pudieran empezar una nueva vida en ese nuevo mundo. Al terminar la guerra, había esculpido 185 máscaras.

Estas máscaras ocultaban unos rostros desfigurados por la guerra, que en la posguerra tenían que ocultar. Los relatos de estos soldados cuentan cómo, gracias a estas máscaras, pudieron seguir con sus vidas en una relativa normalidad. Con estas máscaras, ya no causaban rechazo al resto del mundo, incluidas sus propias familias, como ellos mismos cuentan.

Para ellos, la máscara era un elemento catártico, habían dejado de ser ellos mismos en aquella guerra, y Anna Coleman  Ladd les había esculpido un nuevo rostro para su nuevo yo. De nuevo, la máscara permitía ser alguien diferente del que se era en realidad; de nuevo la máscara escondía la realidad propia del ser que la llevaba. Esos hombres nunca más serían los mismos que se marcharon, al igual que sus rostros, y Ladd les otorgó uno nuevo que representaba el cambio personal, físico y mental que habían sufrido.

La máscara, que originalmente había sido una pieza del vestuario teatral y de diversión, se había convertido en algo terrorífico símbolo de la muerte, para evolucionar finalmente en un elementosanador.

Tropas avanzando con máscaras de gas, Otto Dix, 1924

Anna Coleman Ladd trabajando en el rostro de un soldado

 

Por Bárbara Zamora de Barrio

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