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Fabián Schalekamp: El cor del bosc, cuando la naturaleza entra en el corazón de Palma

Fabián SchalekampFabián Schalekamp
El cor del bosc
Comisario: Joan Carles Gomis
Espai COR, Ayuntamiento de Palma
15 de septiembre – 6 de diciembre de 2026

Hay exposiciones que buscan llamar nuestra atención y otras que, por el contrario, parecen pedirnos que bajemos el ritmo. El cor del bosc, la intervención escultórica que Fabián Schalekamp presenta en el Espai COR del Ayuntamiento de Palma, pertenece claramente a esta segunda categoría.

En pleno corazón de la ciudad, en un espacio vinculado a la actividad institucional de Palma, Schalekamp ha levantado un bosque que no pretende competir con la arquitectura que lo acoge. No hay aquí voluntad monumental, ni espectacularidad, ni una reconstrucción literal de un paisaje natural. Hay ramas, estructuras, líneas y vacíos que parecen extenderse silenciosamente por el espacio para recordarnos algo que, en la ciudad contemporánea, quizá olvidamos con demasiada facilidad: que la naturaleza no es aquello que comienza cuando termina la ciudad.

El cor del bosc se presenta hasta el 6 de diciembre con acceso gratuito y forma parte de la programación de la trigésima edición de la Nit de l'Art de Palma. La propuesta consiste en un conjunto de estructuras de madera que recrean simbólicamente un bosque en el centro urbano y plantean una reflexión sobre nuestra relación con el medio natural.

Un bosque que no pretende parecer un bosque

Quizá una de las primeras cosas que sorprenden al acercarse a la exposición sea precisamente que Schalekamp no intenta engañarnos.

No pretende construir un bosque naturalista.

Las estructuras realizadas con madera de acebuche —ullastre— conservan su condición escultórica y revelan claramente la intervención humana. Las ramas se convierten en líneas, las líneas en estructuras y las estructuras en una suerte de arquitectura orgánica que ocupa el espacio sin llegar a dominarlo.

Es una decisión especialmente acertada.

Porque la exposición no pretende hacernos olvidar dónde estamos. Al contrario: nos hace conscientes del lugar.

El bosque aparece en el centro de Palma y, al hacerlo, establece una tensión entre dos mundos aparentemente opuestos: la ciudad y la naturaleza, lo construido y lo orgánico, la administración y el paisaje, la velocidad urbana y la quietud.

El propio Joan Carles Gomis, comisario de la exposición, ha explicado que las estructuras buscan integrarse en el espacio y crear un ambiente que invite a «pararse y pensar», reconstruyendo ese bosque interior que cada uno lleva consigo y que puede funcionar como refugio y como conexión con la naturaleza.

Y esta idea del bosque interior me parece fundamental para comprender la exposición.

Fabián Schalekamp: una trayectoria construida alrededor de la naturaleza

Sería un error aproximarse a El cor del bosc como si se tratara de una incursión reciente de Schalekamp en cuestiones ecológicas.

Fabián Schalekamp, nacido en Palma en 1964, lleva décadas desarrollando una investigación artística estrechamente vinculada a la naturaleza. Su producción ha transitado por la escultura, el dibujo, la fotografía, la intervención, la instalación y el arte ambiental, manteniendo una coherencia poco habitual dentro del panorama artístico contemporáneo de las Islas Baleares. La propia hoja de sala señala precisamente esa continuidad y sitúa el respeto hacia la naturaleza como eje vertebrador de su trabajo.

Hay, además, algo especialmente interesante en su actitud como artista: una cierta resistencia a la necesidad contemporánea de exhibir constantemente.

Schalekamp parece haber entendido que una obra no necesita ocupar un espacio para justificar su existencia. La exposición llega cuando existe una razón para que llegue.

Eso explica, en parte, la coherencia de una trayectoria que no ha necesitado someterse a las modas del momento.

Su relación con el land art y con las intervenciones en el medio natural viene de lejos. Ya en las décadas anteriores su trabajo había explorado la utilización de materiales naturales y la relación entre escultura, paisaje y espacio. El cor del bosc no rompe con esa trayectoria: la continúa y, de algún modo, la introduce en el corazón institucional de Palma.

La naturaleza como red invisible

La frase de Schalekamp incluida en la hoja de sala resulta casi una declaración de principios. Cuando entra en el bosque, explica, no escucha solamente a los pájaros, sino que imagina el «latido de las raíces» y una red invisible que comparte agua, nutrientes y memoria.

Ahí encontramos probablemente la verdadera naturaleza de esta exposición.

El bosque de Schalekamp no está formado únicamente por árboles.

Está formado por relaciones.

Por aquello que no vemos.

Por lo que sucede debajo de la superficie.

Por las conexiones entre elementos aparentemente independientes.

En una época en la que la preocupación medioambiental aparece constantemente en el discurso cultural, El cor del bosc consigue evitar, en buena medida, el riesgo de convertirse en un simple discurso ecológico ilustrado.

No necesitamos encontrar aquí un mensaje evidente sobre el cambio climático para entender que la obra habla de nuestra relación con el planeta.

Lo hace desde la poesía.

Y esa es, a mi juicio, una de sus mayores virtudes.

El Espai COR como parte de la obra

El lugar donde se presenta la exposición es fundamental.

El Espai COR no es una caja blanca diseñada exclusivamente para el arte. Es un espacio integrado en el edificio del Ayuntamiento de Palma y situado en la Plaça de Cort. Por ello, introducir allí una intervención como El cor del bosc genera un contraste que difícilmente tendría la misma intensidad en una sala convencional.

El bosque entra literalmente en el centro de la ciudad.

Y no entra como decorado.

Las estructuras dialogan con las paredes, el suelo y el techo. La hoja de sala insiste en que sus formas abiertas, ligeras e irregulares no buscan imponerse sobre el espacio, sino establecer con él una relación de respeto.

Esta condición convierte al propio espacio en parte de la experiencia artística.

El visitante no contempla únicamente unas esculturas.

Contempla cómo esas esculturas modifican su percepción del lugar.

De repente, un espacio institucional se convierte en algo parecido a un refugio. El ruido de la ciudad queda al otro lado y las ramas generan una arquitectura alternativa, frágil y provisional.

Es una intervención que no necesita gritar.

Joan Carles Gomis y la memoria del arte balear

La presencia de Joan Carles Gomis como comisario añade otra dimensión a la exposición.

Gomis es una figura profundamente vinculada a la construcción y difusión del arte contemporáneo en Mallorca. Crítico, comisario y gestor cultural, su trayectoria ha estado ligada durante décadas a los espacios y artistas de las Islas. Su conocimiento del contexto artístico balear permite leer esta exposición no como un acontecimiento aislado, sino como parte de una historia cultural mucho más extensa.

Y su relación con Schalekamp tampoco es reciente.

Gomis conoce la trayectoria del artista y comparte con él una determinada concepción del arte contemporáneo en la que el territorio, la memoria y la relación con el espacio tienen un peso considerable.

Por eso su elección como comisario resulta especialmente adecuada.

No estamos ante un comisariado que necesite explicar artificialmente a un artista.

Existe un conocimiento previo.

Y eso se percibe en la exposición.

Gomis no parece querer ponerse por delante de Schalekamp. Su función consiste más bien en generar las condiciones para que la obra pueda hablar.

Un arte que propone detenerse

Vivimos rodeados de imágenes.

La cultura contemporánea nos exige constantemente mirar, consumir, desplazarnos y pasar a la siguiente imagen.

Frente a esa velocidad, El cor del bosc propone algo casi radical: detenerse.

Las estructuras de Schalekamp no tienen un único punto de vista privilegiado. Obligan a caminar alrededor, acercarse, alejarse, descubrir vacíos y observar cómo las ramas modifican la percepción del espacio.

Es una experiencia más cercana a caminar por un bosque que a contemplar una escultura tradicional.

Y quizá sea precisamente ahí donde la exposición alcanza mayor fuerza.

El bosque no se mira desde fuera.

Se recorre.

Una exposición que llega en el momento adecuado

No es casual que El cor del bosc llegue a Palma coincidiendo con una nueva edición de la Nit de l'Art y que la intervención ocupe un espacio tan céntrico.

La ciudad se encuentra sometida a una transformación permanente. Turismo, urbanización, movilidad, consumo y presión sobre el territorio forman parte de la realidad cotidiana de Mallorca.

Frente a ello, Schalekamp no presenta una solución.

Presenta una pregunta.

¿Qué relación queremos mantener con aquello que nos rodea?

La propia presentación institucional de la exposición ha relacionado la propuesta con cuestiones como la deforestación, las talas y los incendios forestales. Pero la obra, afortunadamente, no queda encerrada en ese mensaje.

Su alcance es mayor.

Habla de la naturaleza, sí, pero también habla de la memoria, de la fragilidad, de la interdependencia y de nuestra necesidad de encontrar espacios de silencio.

El corazón está debajo

Quizá el título sea finalmente la mejor explicación de todo.

El cor del bosc no señala un lugar concreto.

El corazón del bosque no es un árbol determinado ni una zona determinada del paisaje.

Es la red invisible que mantiene todo conectado.

Es aquello que ocurre debajo.

Es la relación entre las raíces.

Es la conciencia de que nada existe completamente aislado.

Y también puede ser una metáfora del propio arte de Schalekamp: una obra que durante años ha crecido sin necesidad de ocupar constantemente el primer plano, desarrollando una investigación coherente y silenciosa que ahora encuentra en el centro de Palma un espacio especialmente adecuado para ser contemplada.

El cor del bosc no pretende convertir el Ayuntamiento en un bosque.

Hace algo más interesante.

Nos obliga a imaginar qué significa llevar un bosque dentro.

Y quizá, después de recorrer la exposición, salgamos a la Plaça de Cort mirando de otra manera los árboles, las sombras, las ramas y hasta el suelo que pisamos.

Ese sería, probablemente, uno de los mejores resultados que puede conseguir una obra de arte contemporáneo.

Fabián Schalekamp: El cor del bosc. Espai COR, Ayuntamiento de Palma. Del 15 de septiembre al 6 de diciembre de 2026. Entrada gratuita.


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