Por Manuel Crespo

Espai Mallorca. Barcelona.

Desde que Marcel Duchamp tuviera la ocurrencia de pintarle bigotes y la inscripción L.H.O.O.Q., que en francés puede leerse como “Ella tiene el culo caliente”, a una postal que reproducía la “Gioconda” en un ready made rectificado, gesto de rebeldía generacional frente a la tradición artística y social, la reutilización del objeto artístico para obligarle a decir más de lo que puede o pretende por sí mismo se ha convertido en un acto casi cotidiano y muchas veces aburrido.

Esta técnica conservó su prestigio contestatario hasta la disolución de la Internacional Situacionista. Ellos fueron quienes mejor teorizaron y elaboraron el détournément  -desvío-  de una obra aplicado a convulsionar la vida social y ciudadana. Valga decir como muestra que el cómic desviado Le retour de la colonne Durruti,  confeccionado por el estudiante André Bertrand, instruido por la I.S., e imprimido con medios de la universidad de Estasburgo y distribuido masivamente, puede considerarse uno de los factores iniciadores de lo que al fin sería la revuelta de mayo del 68.

Pero aquello pasó, y si alguien aprendió algo de tales hechos fue la economía, ya verdadera maestra de la tergiversación. Basta con ver cómo se aplican en ello los publicitarios de los anuncios televisivos.

Mati Klarwein, artista mundialmente conocido porque algunas de sus obras fueron utilizadas como portadas de álbumes musicales, entre otros el Abraxas de Santana, es el protagonista de la exposición ofrecida este otoño por el Espai Mallorca de Barcelona, con la muestra “Cuadros reciclados”, tutelada por Heloïse Ficat y Sérafine Klarwein.

El planteamiento de Klarwein para sus obras intervenidas difiere tanto del ready made como del détournément antes citados, aunque guarda evidente parentesco con tales técnicas. Pero su acto posee una carga especial poética y onírica, y su principal interés no era alterar el mensaje, por otro lado sumamente banal al tratarse de obras de artistas como mucho amateurs, sino ampliarlo, extraer de ellos unas posibilidades líricas e irónicas hasta entonces insospechadas. Se mueve en un espacio inverosímil y abierto como es el del ensueño.

Klarwein recorría los puestos de los chamarileros en rastros y encantes buscando  cuadros a la venta que tuvieran, a sus ojos, alguna posibilidad de ser intervenidos, que le resultaran perturbadores, siguiendo para ello la tradición del callejeo. Caminando sin objeto, sabiendo perderse.

Hallada la tela buscada, nuestro artista trabaja en ella imitando deliberadamente el estilo y la manera de trabajar de su primitivo autor. No se trata de dejar su impronta, de demostrar al mundo lo que él es capaz de hacer partiendo de otras ejecutorias, sino de atreverse a ir más allá, en todos los sentidos, de lo que el pintor original sugirió y que tal vez latía a la hora de la creación de la pieza.

Cabe imaginar todo el proceso. La irresistible sensación de que algo más quería surgir de esa obra mediocre gracias a una mirada extrañada que posibilita la irrupción, en medio de la banalidad de un reverso trasgresor, un raro desajuste mediante el cual lo imposible se encarna.

Klarwein da a ver, siguiendo muchas veces la clásica noción de lo bello según Lautréamont, el encuentro del paraguas y la máquina de coser en una mesa de disección. Así, por esas contraposiciones, un cuadro anodino reclama y obtiene la atención del contemplador. Pasa de ser un objeto rutinario y prescindible a perturbador, provocando la extrañeza y adentrando al espectador a un redescubrimiento de la realidad al dotar a lo evidente de unos atributos propios de lo fugaz y lo insospechado.

Hay, en tan abigarrada muestra, piezas prescindibles y malogradas. Pero se debe reconocer que cuando Klarwein acierta, el resultado es la desorientación y el vértigo, quiebra de la costumbre por la cual  se altera la realidad y se vislumbran, por un momento, inéditas posibilidades de los objetos

DEL ARCHIVO

  • BALEARES
    2006

    Por Juan Luis Calbarro

    Javier Velasco. MX 05

    Casal Solleric. Espai Quatre

    Hasta el 15 de enero de 2006

     

    Es evidente que a Javier Velasco (La Línea de la Concepción, Cádiz, 1963) no le interesa el detalle técnico, que descuida hasta límites sospechosos. Su interés se centra casi exclusivamente en el discurso. Si atendemos a su actual muestra en el Solleric, fruto de una reciente estancia de seis meses en México, las fotografías no son de calidad, el vídeo presentado es absolutamente casero, los objetos manipulados se tratan con una falta de precisión que remite a los trabajos manuales de la escuela. La obra de Velasco, que ha desarrollado un método de trabajo multidisciplinar y basado en el comentario de la realidad social, se muestra en ARCO desde 1999, está presente en el Reina Sofía de Madrid, ha sido expuesta en el MOMA de Nueva York y ha representado a España en la Bienal de Venecia, entre otras muchas apariciones públicas.
  • ENTREVISTAS
    2014

    artista plástico visual Antonio CambaPor María Rubio

    Antonio Camba, artista plástico español, nacido en San Sebastián en 1961, vive en Argentina desde el año 2008.

  • NACIONAL
    2021

    Obra de Carmen Calvo a la manera de Francisco LozanoLa iniciativa, que ha compilado a lo largo de sus cuatro ediciones la obra de más de 200 artistas, finalizará con la clausura de esta exposición.

    La última edición de esta cita en la Galería Rafael Ortiz de Sevilla incluye la participación de 44 autores, entre ellos, Luis Gordillo, Victoria Civera, Carmen Calvo, Dionisio González, Federico Guzmán o MP&MP Rosado.