Por Juan Luis Calbarro

Camilo José Cela, fabulador: entre la memòria i la mirada
Comisario: Adolfo Sotelo Vázquez
Centro Cultural de la Fundació Sa Nostra

Hasta el 23 de abril

Es deuda con nuestra formación visitar la exposición que ofrece estos días la Fundació Sa Nostra con material de la Fundación Camilo José Cela, Marqués de Iria Flavia. Interesa por su especial vínculo con Mallorca, pero sobre todo por ser un recorrido eficaz y muy completo por la vida y la obra del escritor de Padrón, probablemente el mejor novelista que dieron las letras españolas desde Cervantes.

De todos los personajes nacidos de su magín, ninguno es tan célebre como el que Cela fabricó a medida de su propia persona. Muchos hemos saboreado La colmena, que es desde tiempos casi inmemoriales lectura obligatoria en los planes de estudios de Secundaria; pero todos, sin excepción, recordamos las anécdotas televisivas, las boutades del marqués de Iria Flavia, los desplantes ante moros y cristianos. Si Cela fue un novelista leído, aún más fue un personaje público admirado y odiado con igual intensidad por unos y otros, más allá de la calidad de su obra. Sin pararnos mucho a pensar, nos viene a la memoria su célebre desprecio al Cervantes, según él un premio “suficientemente cubierto de mierda” hasta el momento en que sin duda se hizo justicia concediéndoselo. Recordamos el número alcarreño de la choferesa negra; la televisiva afirmación de poder absorber una determinada cantidad de líquido por vía anal con sólo la potencia de sus músculos o esfínteres; las acusaciones de plagio, nunca demostradas; o sus polémicas declaraciones sobre los homosexuales en el contexto del centenario de Lorca: no se puede decir que tuviera pelos en la lengua. Fue Carlos Casares quien propuso el modelo de Dalí para que comprendiésemos mejor el personaje de Cela: “en público se ha comportado como él ha creído conveniente para la difusión y venta de su obra”.

Sin alcanzar los extravagantes extremos del pintor de Cadaqués, a Cela se le ha criticado mucho que nunca adquiriese más compromiso que consigo mismo. Pero es preciso corregir: tenía un compromiso grave e inextricable con la palabra, en el que hasta sus más acérrimos detractores reconocerán que nunca cejó, y todo lo demás le daba perfectamente igual. No hablemos sólo de los reconocimientos públicos nacionales e internacionales: su capacidad de trabajo, su afán experimentador -aun ya octogenario-, la valiosa ironía, la ternura omnipresente en sus textos, una labor lexicográfica rigurosísima y el hecho de haber convertido primero a Mallorca y luego a Padrón en importantes focos de cultura nos indican que Cela era mucho más que el personaje que accedió a enredarse en el patio de Monipodio de los premios de alguna pujante editorial.

Hoy queda la obra. La familia de Pascual Duarte, la novela española más traducida después del Quijote, supone un hito en la historia de las literaturas hispánicas. Acerca de La colmena, ese admirable retablo de la posguerra española censurado por las autoridades franquistas, escribió Alonso Zamora Vicente que “no estaba en la mente de Cela [...] escribir un libelo acusatorio. Pero [...] la estructura política se reconoció, se vio asaeteada de reproches y echó por el camino de enmedio”. La colmena marca un antes y un después en la narrativa universal del siglo XX; es, pese al carácter conservador que se atribuyó a su autor, una denuncia desnuda e irresponsable, y es también un catálogo veraz de seres humanos, por no hablar del despliegue de recursos técnicos que ofrece al gusto.

El verdadero creador lo es incluso a su pesar. Cualquiera de los libros menores del gallego habría sido saludado como gran hallazgo en la pluma de otros autores. Martín de Riquer afirmó con toda razón que Cela renovó la lengua castellana. Cuando los siglos ejerzan su labor imprescindible e inevitable de criba, es muy probable que CJC, ya sin título de nobleza ni premio Nobel, despojado de anécdotas y polémicas, lejos de etiquetas vacías como realismo y tremendismo, siga engrosando el escogido número de los que por sus merecimientos habitan el Parnaso.

DEL ARCHIVO

  • NACIONAL
    2017

    EL JINETE CELESTE. Emilio González Sainz. Galería SiboneyLa exposición EL JINETE CELESTE de Emilio González Sainz (Torrelavega, 1961) en la galería Siboney de Santander, (a la que ha estado vinculado desde sus inicios, -que ha seguido sus pasos y su crecimiento como artista-) supone en parte, una muestra complementaria a la inaugurada el pasado día 4 en la Torre Don Borja de Santillana del Mar

  • NACIONAL
    2018

    Bunt de EBBA ROHWEDER en Espacio Bop de MadridEl punto de partida de la exposición BUNT - que en alemán significa multicolor - es un parque público de reciente creación en el centro de Madrid, llamado Madrid Río que se proyectó como soterramiento de la autopista M-30, la circunvalación principal del tráfico madrileño. Su arquitectura lineal, su diseño y vegetación le dotan de una floración en sintonía con apariencia de alfombras vibrantes de un único color.

  • BALEARES
    2006

    Por Pau Waelder

    Can Gelabert
    Binissalem

    En abril de 2000, el centre cultural Can Gelabert va acollir la seva primera mostra, i avui, cinc anys més tard, pot presumir d’un intens programa d’exposicions i activitats culturals que ha portat a acollir a les seves sales l’obra d’un total de 60 artistes. Amb motiu d’aquest cinquè aniversari, s’ha publicat un catàleg que vol ser una mostra de la fructifera trajectòria del centre, i s’ha organitzat una exposició col·lectiva de l’obra recent dels 60 creadors plàstics que han visitat Can Gelabert.

    La història del centre està estretament lligada a la seva gestió. Després del primer any de vida de Can Gelabert, el regidor de cultura Jaume Pons va obrir a concurs la gestió del centre, que va obtenir l’empresa Tres Serveis Culturals. En els quatre anys següents, i mitjançant la tasca d’aquests gestors professionals en coordinació amb la regiduria de Cultura de l’Ajuntament de Binissalem, el centre ha portat a terme un calendari d’activitats ric en propostes per a tots els públics, en el qual als cursos, tallers i actes socials s’han afegit les arts plàstiques i els projectes més avantguardistes.

    Tina Codina, membre de Tres Serveis Culturals, em comentà l’experiència que ella i els seus companys han tingut en aquests anys a Can Gelabert.