AMBLART

desde 2005 ayudando en la promoción del Arte Contemporáneo

Acercándonos al arte abstracto: claves para entender un lenguaje fascinante

Acercándonos al arte abstracto: claves para entender un lenguaje fascinanteHay una escena que se repite en casi todas las exposiciones de arte abstracto. Un visitante se detiene frente a un lienzo, lo observa durante unos segundos, frunce el ceño y susurra algo parecido a: "cualquier niño podría hacer esto". Esta frase, tan recurrente como injusta, resume la gran dificultad que el público general tiene para aproximarse a la abstracción. No es un problema de capacidad intelectual, sino de código: el arte abstracto utiliza un lenguaje que no estamos acostumbrados a leer.

Mientras que la pintura figurativa nos ofrece un punto de apoyo reconocible —un rostro, un paisaje, una escena—, la abstracción nos arroja a un territorio sin mapas. Y eso, para muchos, resulta incómodo. Pero como bien señaló el pintor alemán Gerhard Richter, una de las voces más respetadas del arte contemporáneo: "La pintura abstracta no es un juego ingenioso: es una necesidad, y como todo lo desconocido nos asusta y nos llena de esperanza al mismo tiempo".

El vértigo de lo desconocido

El arte abstracto nace oficialmente a principios del siglo XX con las primeras acuarelas de Wassily Kandinsky, quien en su tratado De lo espiritual en el arte (1912) sentó las bases teóricas de un nuevo modo de entender la pintura. Kandinsky defendía que el arte debía liberarse de la servidumbre de la representación y convertirse en un lenguaje autónomo, capaz de conmover el alma del espectador a través de la forma y el color. Como él mismo escribió: "los objetos se desacreditaban como elementos necesarios del cuadro".

Este salto al vacío no fue casual. El poeta Paul Valéry lo expresó con precisión: "Ni la materia, ni el espacio ni el tiempo son desde hace veinte años lo que eran desde siempre". La ciencia, la filosofía y la literatura estaban transformando la manera de entender la realidad. La pintura no podía quedarse atrás.

Aquel que se acerca a un lienzo de Mark Rothko y espera encontrar una "historia" se sentirá desorientado. Pero Rothko no pintaba historias: pintaba emociones básicas. "Solo me interesa expresar las emociones humanas fundamentales —tragedia, éxtasis, fatalidad—". Y añadía: "Para mí, el arte es una aventura hacia un mundo desconocido, que solo pueden explorar aquellos dispuestos a correr el riesgo". La abstracción no es un enigma que deba ser resuelto, sino una experiencia que debe ser vivida.

El mercado del arte abstracto

A pesar de la incomprensión popular, el arte abstracto domina el mercado internacional. Las cifras son elocuentes. Una pintura de Jackson Pollock alcanzó los 181 millones de dólares en subasta, y otras obras suyas se han vendido en el mercado privado por hasta 200 millones. Un Rothko se adjudicó por 62,16 millones de dólares en una subasta de Christie's en Nueva York. Y en Art Basel Miami Beach 2025, una pintura abstracta de Gerhard Richter se vendió por 5,5 millones de dólares.

Las grandes colecciones del mundo —desde el MoMA hasta la Colección Guggenheim, pasando por la Colección Patricia Phelps de Cisneros o la Colección Juan Carlos Maldonado— tienen en la abstracción uno de sus pilares fundamentales. No es casualidad. La abstracción ha sido el lenguaje de la modernidad y sigue siendo el territorio donde se juega gran parte de la innovación artística.

Abstracción y poesía: dos caras de una misma moneda

Si la figuración narrativa es la novela —con sus personajes, sus tramas y sus desenlaces—, la abstracción es la poesía. No cuenta una historia, sino que evoca un estado. No explica, sino que sugiere. No narra, sino que conmueve.

La pintora y diseñadora Sonia Delaunay lo expresó con claridad: "Me atrae el color puro", y defendía que el arte abstracto permitía a los artistas liberarse "de las viejas fórmulas pictóricas". Esa liberación es la misma que experimenta un poeta cuando abandona la prosa y se adentra en el verso libre: la forma ya no está al servicio de la narración, sino de la emoción.

El crítico y coleccionista Jerry Saltz ha afirmado que "la abstracción es una de las herramientas visionarias más grandes jamás inventadas por el ser humano para imaginar, descifrar y representar el mundo". Y el coleccionista Lluís Bassat, con su habitual sentido común, sentencia: "El arte no hay que entenderlo, es suficiente con que te guste". Quizá esa sea la clave: la abstracción no se entiende, se siente.

La abstracción como necesidad

El pintor estadounidense Ad Reinhardt, uno de los grandes maestros del expresionismo abstracto, resumió su pensamiento en una frase que se ha convertido en un manifiesto: "El arte es el arte y todo lo demás es todo lo demás". Con esta sentencia, Reinhardt reivindicaba la autonomía del arte frente a cualquier tentación de instrumentalizarlo.

El arte abstracto no necesita justificarse. No tiene que explicar nada, ni representar nada, ni servir a ninguna causa. Su única razón de ser es existir. Y en esa existencia, en esa pura presencia de la forma y el color, encuentra su sentido.

Como escribió el propio Kandinsky: "No hay ningún deber en el arte porque el arte es libre". Esa libertad es, al mismo tiempo, su mayor virtud y su mayor dificultad. Porque lo libre no se puede controlar, ni clasificar, ni reducir a un esquema. Y eso, para una mente acostumbrada a la utilidad y la funcionalidad, resulta profundamente inquietante.

Conclusión

El arte abstracto no es un juego ni una provocación. Es una necesidad, como bien dijo Richter. Una necesidad de expresar lo que no tiene nombre, de explorar lo que no se puede ver, de habitar un territorio que solo existe en el lienzo y en la mirada de quien se atreve a contemplarlo sin prejuicios.

La próxima vez que alguien diga que "cualquier niño podría hacerlo", recordemos las palabras de Pablo Picasso: "No hay arte abstracto. Siempre debes empezar con algo. Después puedes eliminar todos los rastros de la realidad". Lo que parece simple es, en realidad, el resultado de un proceso de depuración, de búsqueda y de riesgo. Un riesgo que solo están dispuestos a correr aquellos que, como Rothko, entienden el arte como una aventura hacia lo desconocido.

Por A.P.G.


Copyright © 2020. AMBLART