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TERAPIAS DE UN GRUPO (ARTE CUBANO ACTUAL). Galería Fernando Pradilla. Madrid

Arte CubanoPor Omar-Pascual Castillo

a los que faltan
en especial a Antonio Zaya,
y luego a Bárbaro, Magaly, Carlos, Alex, Lázaro, Leal, Eduardo y Orlando


 
Hace ya casi quince años, en el premonitorio año 1993 (a cuatro años de iniciarse el desastroso “Período Especial”, provocado por la caída del Bloque Socialista, y un año antes de “despenalizarse en el territorio nacional la tenencia de divisas” -léase dólares-, y de ocurrir la V Bienal de La Habana y la estampida por Mar del llamado: “Verano Caliente”), el maestro Gerardo Mosquera sentenció: “La plástica cubana actual es como una máquina que sigue funcionando después que se paró el motor.”[1] Si por aquel entonces Mosquera, cuya voz era -y sigue siendo- indiscutiblemente una de las voces más oídas, entre otros detalles, por su permanente protagonismo, dada su dedicación, rigor y validez, dentro y fuera de la Isla en materia de Arte Cubano, se atrevía a diagnosticar tan solemne dictamen, hoy día, pasados el primer lustro y tres años del nuevo milenio; nos atreveríamos a decir, una vez más[2], que el Arte Cubano no existe.
 
A pesar de que tal vez, romántica o estratégicamente aún existan “artistas cubanos”, nacidos, criados y educados en la Isla, nacidos dentro, criados y educados fuera de la Isla, e incluso artistas hijos de Isleños Cubanos que “cubanos se sienten”; pero a estas alturas del gobernante Nuevo Orden Mundial donde las nacionalidades y los localismos se desintegran por el imperio de las redes globales de comunicación a escala internacional, la diáspora y el exilio; -a decir verdad- escasean signos que autentifiquen que “lo cubano” sea un sello de identidad. Y mucho menos, un sello grupal o generacional.
 
Rectifiquemos: esta afirmación no significa irrefutablemente que el “Arte Cubano no exista”, sino simplemente lo que significa es que “no existe como lo que antes era”. Si bien hace cerca de veinticinco o quince años, los rasgos identitarios que definían el denominado Nuevo Arte Cubano eran hasta bastante evidentes, los cuales podrían reducirse a tres o cuatro diatribas direccionales fundacionales y/o fundamentales esos rasgos o características actualmente están disipadas, dispersas, y desperdigadas; así como están disipados, dispersos y desperdigados por el mundo quienes -en su momento- se convirtieron en los protagonistas de uno de los fenómenos culturales más llamativos y emblemáticos (quizás por su alta dosis de utopía y euforia) del hemisferio occidental.
 
Para que esta disertación quede más clara, aclaremos de qué o cuáles diatribas hablamos: 1.- la implementación de una problemática estrategia de replanteamiento del canon de la vanguardia, en un diálogo crítico con el “paradigma centro-europeista”, y nuestra relación y/o situación de “epigonal periferia”, pienso por ejemplo, en el quehacer de la primera Consuelo Castañeda, el seductor Arturo Cuenca, el primer Torres LLorca, o el incansable Flavio Garciandía, o el Grupo Hexágono, para no ser cansinos en esta lista; 2.- el desarrollo metodológico de una investigación estética que combina su línea de actuación con las definiciones antropológicas de una posible identidad nacional “primalista” (como dijera R.F.Thompson, cuyos textos juntos con los de C. Leví Strauss marcaron fuertemente esta tendencia), léase una especie de etnografía identitaria mestiza de un “esencialismo de lo -originariamente- cubano”, donde como es lógico se inscribe la obra de la gran tríada de esta demarcación epistémica encabezada por Juan Francisco Elso Padilla, José Bedia, y Ricardo Brey, a la que le siguieron la producción de Marta María Pérez Bravo, Carlos Estévez, el primer Luis Gómez, o el todavía J.A.Vincench, 3.- determinada visión crítica de la realidad nacional, de carácter documental, cronista, y cierto acento cuestionador del “estado ideológico de las cosas del país”, enumeremos los tempranos años de Glexis Novoa, Tomás Esson, los Grupos Puré, Arte Calle y Provisional, o la controversial obra de J.A. Toirac, Pedro Álvarez (†) y Alexis Esquivel, a la que últimamente regresa J.A.Vincench, tras su “momento antropológico”; 4.- una actitud promiscua ante el proceso de sedimentación y reciclaje de lo aprendido, proceso en el cual todo se mezcla y se rompen los nexos y barreras entre lo culto y lo vernacular, entre la High Culture & Culture Pop, entre el lirismo dicharachero del argot popular y la filosofía post-estructuralista, el neo-historicismo con la pachanga carnavalesca; es decir: donde la plástica cubana se hace “neo-barroca”. Y en este último síntoma o diatriba de nuestro andamiaje visual, no enumeraremos casos, dado el hecho de que la lista sería interminable partiendo de la base que muchos de los anteriormente mencionados volverían a aparecer en ella.
 
Pues bien, estas cuatro diatribas que supuestamente autentificaban el llamado: Nuevo Arte Cubano, cada día más se hibridan, se “desidentifican”, se reutilizan como esquema de representación, puesta en escena, teatro para el ojo mirón (más que nada el ojo exótico del extranjero “estudioso del exotismo de lo cubano”), pero no como estructura de actuación conductual, se emplean como fórmula, pero no como sistema.
 
Por otro lado, y para rematar el cambiazo, a día de hoy y gracias a Dios (para bien o para mal), el Arte Cubano, o al menos, eso que antes era considerado como “el Arte Cubano”, ya no está de moda dentro de los circuitos legitimantes del Arte Contemporáneo, o sea: dentro de los sistemas de poder del occidental mundo del Arte[3].
 
Y como siempre sucede cada vez que una moda pasa, la historia -la implacable historia- hace criba, limpieza; es decir: realiza una operación depuradora. Y se recicla.
 
II.-
 
Llegados a este punto, observemos cómo se nos manifiesta ahora mismo el panorama movedizo de “lo cubano”.
 
Primero que todo, como ya dijimos gran parte de sus protagonistas, ya no residen en la Isla.
 
Segundo, para más INRI, gran parte de los nuevos artistas que han relevado el rol de protagonistas de los primeros actuantes, han aprendido la lección, y en esta nueva coyuntura geo-política donde “los mapas están cambiando de color”[4], y donde pueden “entrar y salir” -con patente de corzo gubernamental- sin perder sus bienes, legitimidad, ni residencia nacional, viajan representando a Cuba en las bienales internacionales o en cualquiera de los eventos más rabiosamente actuales del Arte de nuestros días; pero producen más del 50% de su obra en y para el exterior; obras las cuales en su totalidad apenas puede apreciarse dentro de la Isla, a no ser por parciales reproducciones editoriales, y alguna que otra caritativa o cortés -como migajas de pan- presentación ocasional.
 
Este es el caso, de la llamada Generación de los 90´s, entre los que destacan en esta situación creadores como Carlos Garaicoa, Kcho, Los Carpinteros y Tania Brugueras; los cuales poseen -todos- galerías internacionales de primera línea, en varios países del continente americano y Europa. De igual forma, han participado en infinidad de exhibiciones internacionales de primer orden, para las que han contado con sumas impensables de carácter presupuestario para “producir sus utopías”, dineral que en la Isla ni siquiera pueden soñar. Citemos un dato, el Cybacrome, ese sistema o mecanismo técnico de impresión fotográfico que hoy día está casi en desuso, nunca llegó a Cuba, en cambio, más de uno de estos creadores mencionados y otros que aquí nos faltan, poseen obras en este sistema de impresión fotográfica. Obras que hoy día se hallan en importantes colecciones internacionales, y que en la Isla, jamás fueron vistas.[5]
 
Y tercero, para concluir, ya no se han “desplazado”[6] sólo los artistas; sino a su vez, y cada día más, los críticos, curadores, gestores, editores, profesores, pensadores y escritores relacionados con el universo visual[7]. Situación que ha provocado -desde nuestro punto de vista- no sólo un gran vacío creativo y sino de igual magnitud un vació de reflexión, porque esto repercute en que ya no sólo escasea el posible “buen arte”, sino igual la reflexión aguda o el bocón e inquietante proyecto curatorial; paralelo al vacío promocional acarreado por el fracaso abismal de las dos últimas Bienales de La Habana, a lo que se le suma -para colmo de males-, la pérdida del siempre bien recompensado Mercado Estadounidense tras las prohibitivas leyes del gobierno de Bush de establecer cualquier nexo cultural y/o comercial con Cuba.
 
En otras palabras, desasosiego, desesperanza, y aburrimiento.
 
Ante lo que la Isla, ha trazado como siempre una estrategia de supervivencia, se giró la cultura hacia el turismo. Síndrome que ya se podía percibir de forma soterrada -como un traicionero virus o un tumor cancerígeno que poco a poco iba haciendo metástasis- desde la primera mitad de la década de los 90´s, pero una década después ha tomado fuerza, cuerpo y firmas que militan en sus filas.
 
Sobre esta última “situación estratégica”, edulcorada, retrógrada, academicista y estereotipada al extremo, cargada de cinismo y silencio, podríamos escribir o argüir todo un ensayo, pero posiblemente este no sea el marco para hacerlo.
 
Aunque a decir verdad, ahora que “metemos el dedo en la llaga”, sí creemos que sería importante señalar que es un hecho preocupante que artistas tan aburridamente insulsos, academicistas, formalistas y/o retrógrados como Arturo Montoto, Rigoberto Mena, o Agustín Bejarano, sean el instrumental más a mano de la oficialidad cubana para argumentar cualquier “democrático proyecto expositivo”, o la portada de un libro, una antología, un poemario, una novela, o una revista, así como los protagonistas adoctrinantes de una legitimante muestra personal en el Museo Nacional Palacio de Bellas Artes.
 
Y digo esto, por no mencionar, a las jóvenes generaciones de un “ingenuo conceptualismo pedagógico”, que cada día me parece más campesino, chocho y vergonzoso; como creyendo que “descubren el agua fría” con ejercicios de clase de primero y segundo año del ISA convertidos en el vaivén de toda una prometedora carrera profesional, como creyendo que los demás no tenemos memoria histórica o información de primera a nuestra mano sobre sus descaradas influencias.
 
Eso sí, siempre, en el marco pre-establecido de “lo políticamente correcto” dentro del campus del Arte Contemporáneo (entiéndase: International Art World), o el mainstreen implantado por las Revistas ArtNews, ArtNexus, o Art in American[8].
 
III.-
 
En este escabroso contexto, argumentar un proyecto expositivo de Arte Cubano Actual sólo vimos que podía ser posible desde una perspectiva dialógica, en el cual se articularan tres visagras o ángulos dialogantes.
 
La primera: la de la representatividad generacional de los últimos treinta años de un Arte que todavía sigue dando quehacer a la palestra pública nacional e internacional, entre los que co-existen casi cuatro generaciones de artistas (aunque para ello hemos tenido que “hilar muy fino” en nuestra selección, evitando también ser obvios o repetitivos[9]).
 
La segunda: la de la representatividad “desterritorializada de lo cubano”, más allá del marco cerrado, endogámico y tiránico de las geopolíticas de la Isla y las del exilio miamense o estadounidense (he aquí así, artistas -de origen cubano- residentes en México DF, Miami, Berlín, La Habana, Málaga o Madrid).
 
Y la tercera: la de la argumentación curatorial.
 
Pues siendo de este modo, tras más de quince años observando el Arte producido dentro y fuera de la Isla, e inclusive, tras diez de esos años hacerlo residiendo en España, desde donde igualmente hemos observado las maniobras de distribución, promoción e interpretación del “Arte Cubano” desde este lado del Atlántico; puede que solamente estime conveniente identificar un único signo que marca el Arte producido dentro y fuera de la Isla, como algo nuestro.
 
Y este signo, es su “sentido terapéutico”.
 
VI.-
 
Ya sé que a estas alturas de nuestra visión y nuestra disertación sobre “lo cubano”, y en medio de los huracanes, las despedidas, los cortes de luz, los cierres de proyectos, las estratégicas negociaciones; hallar una “distinción” o “punto de inflexión” que lo cohesiona puede resultar forzado. Sobretodo, después de haber argumentado que “el Arte Cubano ya no es lo que era”, nostalgias aparte. Sin embargo, lanzo esta intencionada afirmación como uno de los endémicos rasgos de nuestro Arte que ha sobrevivido al marasmo, la desidia y la diáspora; porque el “sentido terapéutico” del Arte Cubano es algo que lo sobrepasa, es algo que lo signa genéticamente, como arquetípica actitud subconsciente, ya que la misma posee dotes sanadoras en tanto es confesacional, y sabedora de un hallazgo, el hallazgo del Arte como sistema de conocimiento.
 
Y cuando digo: “sentido terapéutico”, hablo de la confianza subsanadora del hacedor de Arte, de que su quehacer lo cura, lo sanea, lo limpia, así como limpia un sarayeye, un ebbó[10], una exclusiva dieta de té y vegetales, un ligero período de recogimiento y meditación, o vociferar a todo pulmón frente al Mar. Sin olvidar así mismo -como ideal metáfora de nuestras observaciones- que a finales de los 80´s e inicios de los 90´s -justo el punto álgido, cúspide y principio de la debacle de lo que significó el Nuevo Arte Cubano-, entre los psicólogos conductistas cubanos, acérrimos enemigos del aburguesado psicoanálisis; se instauro en la Isla como prescripción médico-psicológica, la TERAPIA DE GRUPO; la misma que practican habitualmente los Centros de desintoxicación de Alcohólicos, Drogadictos y Adictos Varios, y que tanto vemos en los filmes hollywodenses; en este caso, para sanear colectivamente nuestras penas, depresiones y situaciones postraumáticas, o el más sencillo y elemental de nuestros males: el estreés (el cual es chistoso, en el argot popular cubano llaman: “el essiete”, como si el “tres” fuese insuficiente para contabilizar el grado de tensión natural del isleño). Tendencia a la colectividad, típica de nuestras macro-soluciones homogenizadoras; que el Arte a pesar de muchos esfuerzos ha negado; porque sólo allí en el individual trabajo autoterapéutico, exorcisador, catártico, y psicoanalítico de la ontologización personalizada de sus circunstancias, es donde el artista cubano escapa de sus taras, sus lastres, sus mayores defectos, y sintoniza justamente con la mejor de sus esencias: su sinceridad, su frescura, su sentido extrovertido y parlanchín del existir. Versátil: denso pero jocoso, irónico burlón más que melodramático; más choteador que indagador de verdades, más ideólogo (de hacedor de ideas) que político, más verborreico que conceptual.
 
Sólo instaurando una Memoria, una arqueología de lo que fue (o lo que es), para que quede como huella, sin pretensiones trascendentales en ese gesto. Pero sin poder evitar esgrimirlo, porque en ello le va la vida. Y en esa necesidad vital, es donde quizás todavía quede algún sesgo de genuina utopía.
 
De esta forma, esta es -entonces- una colectividad de artistas que “terapéuticamente se sincera ante nosotros”; con una sinceridad que -abiertamente- quizás sea cierto se haya visto tamizada por la mirada censuradora de los poderes políticos o por la picarezca engañabobos del cubano de a pie; pero que sigue ahí, oculta entre los pliegues de nuestra ciudadanía, aún… cuando nuestros hábitos culturales estén siendo reciclados hacia nuevos niveles de síntesis en nuevos contextos y mapas. Mapas que, igualmente, tampoco dejan de deshacerse.
 
 
 
 
Omar-Pascual Castillo
Granada, España
Invierno, 2007-2008.




[1] Mosquera, Gerardo; Crece la yerba, en ARTE: Proyectos e Ideas, publicado por la Universidad Politécnica de Valencia, en Abril de 1993. Página: 171.Valencia, España.
 
[2] En un texto reciente, y antes en alguna que otra charla pública, he desarrollado la idea de que “lo cubano” no sé si existe; o mínimo, no estoy seguro como antes sí creía estarlo. Para más información ver texto: Landscapes after the last urban rain [Paisajes tras la última lluvia urbana] (reciclando un entorno hostil según Juan Miguel Pozo), en el catálogo de la muestra personal: ZWITTER, de Juan Miguel Pozo en GEGalería, Monterrey, México, Primavera-Verano, 2007.
[3] En este sentido dignas son de mencionar las dos grandes oleadas de muestras internacionales -de finales de los 80s e inicios y primera mitad de los 90s- en las que el Nuevo Arte Cubano hizo alarde de su existencia, gracias a la pujanza de curadores como Osvaldo Sánchez, TONEL, Iván de la Nuez, Antonio Zaya, Eugenio Váldes o Juan Antonio Molina, o la plétora oficialista de organismos tan raramente eficaces y extraordinarios en el “reordenamiento del mapa internacional de lo cubano” como el Centro Wifredo Lam y la Fundación Ludwig de Cuba.
Entre estas dos oleadas destacan muestras como: Raíces en Acción (México,1988), Made in Havana (Sydney,1989), The Nearest Edge of the World (Boston), Kuba OK (Dusserdolf) y No man is an Island (Pori)(1990), Cuba. La Isla Posible (Barcelona) y Mundo Soñado (Madrid) (1995), Cuba Siglo XX. Sincretismo y Modernidad (Las Palmas de Gran Canarias y Palma de Mallorca,1996), y Utopian Territorries: New Cuban Art (Vancouver,1997), entre muchas otras de menor alcance.
 
[4] Verso de una canción de Carlos Varela. 
[5] A ver, que quede bien claro que esta no es una reacción de “envidia o perreta generacional” porque …si los 90´s-2000´s son de una manera y los 80´s fueron de otra…; NO, olvide ese tono. Este fenómeno de descentramiento y mal distribución del Arte Cubano desde mediados de la década de los 80´s ya estaba ocurriendo en una Cultura que cada día se hizo netamente exportable como etiqueta de calidad nacional del proceso revolucionario, como postal de presentación del régimen; en cambio, lo que sí ha sido significativo es que desde 1997, aproximadamente, a estos días; esta sea la regularidad de la producción visual de la Isla, la cual en muchos casos peca de fantasiosa en tanto que está “malcriada” por los mecanismos oficiales de producción de eventos expositivos, al punto de condicionar su exhibición sólo y únicamente si le producen sus obras, aquejándose de que en la Isla esto sería imposible. De víctima a victimario.
 
[6] Esta creo que es a ciencia cierta la palabra más exacta, pues exilio puede que no sea la más precisa, en todos los casos y/o en todas sus acepciones; o incluso algunos sociólogos han denominado a este fenómeno migratorio: una diáspora de baja intensidad, evitando la nomenclatura del exiliado y su condicionado no retorno.
 
[7] Así… a bote pronto, como dicen los andaluces, puedo pensar en nombres como Osvaldo Sánchez (México), Ernesto Hernández Busto (México), Antonio Eligio Fernández (TONEL) (Stanford y Vancouver), Bárbaro Martínez-Ruiz (Stanford y New York), Lupe Álvarez (Quito), Iván de la Nuez (Barcelona), Juan Antonio Molina (México), Rolando Sánchez Mejías (Barcelona), Carlos Alberto Aguilera (Hamburgo), Eugenio Váldez (Sao Paolo), Magda Ileana González y Janet Batet (Canada), Wendy Navarro (Barcelona), Juan Carlos Betancourt (Berlin), Osbel Suárez, Andrés Isaac Santana y Dennis Matos (Madrid), Elvis Fuentes (San Juan y New York) o Suset Sánchez (Madrid), por citar algunos.
[8] En este sentido es curioso que revistas españolas como Exit, Lápiz, art.es, o Art Notes, poco les interesen a los cubanos, porque como ya dijimos, es como si en el fondo supieran que, a pesar de Bush, su “mercado natural es el americano”.
 
[9] A sabiendas, de que además, esta es sólo una pequeña muestra colectiva en una galería privada, no en un museo, “sin ínfulas antológicas o archivológicas”; como diría nuestro amigo Antonio Zaya, en paz descanse, entusiasta número uno de lo cubano, y a quien tanto le debemos. Ibbae baentonu, Yalodde lo tenga en su regazo. Cuando decimos: “obvios y/repetitivos” nos referimos a la tendencia a reincidir en la selección de artistas -casi siempre “oficializados”- por parte de las curadurías de Arte Cubano de dentro o fuera de la Isla. Equilibrar este aspecto realmente ha sido todo un reto.
[10] El ebbó y el sarayeye son dos de los rituales típicos “de limpieza” de las prácticas religiosas de los cultos sincréticos afroamericanos que cada día más se están convirtiendo en la creencia natural de Cuba y parte del Caribe.


Artistas:
 
Juan  Carlos Alom (Video)
José Bedia (Dibujo/Pintura)
Héctor Bermejo (Fotografía) [ARTISTA INVITADO]
Lien C. Lau (Video)
Sandra Ceballos (Video-performances)
Raúl Cordero (Dibujos)
Alexis Esquivel (Pintura/Dibujo)
Carlos Estévez (Dibujo)
Heidi García (Instalación)
Luis Gómez (Video)
Alejandro González (Fotografía)
Glenda León (Fotografía y Video)
Jorge Luis Marrero (Video)
Armando Mariño (Dibujo)
Ariel Orozco (Fotografía)
María Cristina Padura (Fotografía)
René Peña (Fotografía)
Marta María Pérez Bravo (Fotografía)
Rodolfo Peraza (Videoanimación e Instalación)
Lindomar Plasencia (Dibujo)
Michel Pou (Fotografía y Video)
JM Pozo (Pintura/Dibujo)
Ángel Ricardo Ríos (Pintura)
Elio Rodríguez (EL MACHO) (Instalación)
Gladys Triana (Fotografía)
José Ángel Vincench (Instalación y Video)
 
TERAPIA DE GRUPO (Arte Cubano Actual), es una exhibición de más de una veintena de artistas cubanos (y un artista español invitado con una obra realizada en y por Cuba), comisariada por Omar-Pascual Castillo, comisario y editor cubano residente en Granada, España; la cual intenta recoger algunos de los momentos más relevantes de la trayectoria del Arte Cubano, dentro y fuera de la Isla desde la década de los 80´s hasta nuestros días; a partir del mantenimiento de un síntoma que lo caracteriza; su sentido terapéutico.
 
Desde la Vanguardia Histórica el fenómeno del Arte Cubano ha marcado dentro del panorama plástico Latinoamericano un importante papel protagonista; mucho más a partir de la implementación relacional de “punto de mira” lo que significó desde la primera mitad de la década de los 80s: La Bienal de La Habana, juicios críticos a un lado, indiscutiblemente una de las eventualidades más significativas de la visualidad americana y periférica; ya que desde su fundación la Bienal se ha argumentado como vitrina por excelencia para el Arte del Tercer Mundo. Más allá de las generalizaciones, más allá de las recaídas, la diáspora, la desidia y la infinita crisis económica; el Arte Cubano se las ha sabido arreglar para salir airoso de cada vacío, y hoy por hoy artistas cubanos de las tres últimas generaciones de creadores que han nacido en la Isla, se hayan entre los artistas contemporáneos más prestigioso, promovidos, influyentes o importantes y de primer orden dentro del contexto del Arte Americano Actual. Dado es el caso de artistas como Carlos Garaicoa, Los Carpinteros, Tania Bruguera, KCHO, o Alexander Arrechea (quienes no consideramos para esta muestra por su “suficiente promoción en la palestra plástica española”); por no contar con los exiliados: Ana Mendieta (†), Félix González Torres (†), Luis Cruz Azaceta, José Bedia, Jorge Pardo, Tony Labat, Teresita Fernández, Manuel Pardo o Abelardo Morell, entre otros.
 
Ante este legado, y la actual situación intrínseca nacional del Arte Cubano de reordenamiento de su propio funcionamiento interno, por no decir: silencio, recogimiento y ghetto individual; TERAPIA DE GRUPO, es una muestra que pretende articularse como una mirada dialógica alrededor de tres premisas argumentales.
 
Primero, la cuestión generacional, o sea: que en ella estén representadas algunas de las figuras claves del Arte Cubano que desde el inicio de su carrera -por allá por la década de los 80s- hasta hoy día siguen marcando una pauta de investigación estética digna de significar. Aquí entran como es de suponer las figuras de José Bedia, Marta María Pérez Bravo, y su quehaceres de corte antropológico y la rejuvenecida Gladys Triana, cuyo giro al soporte fotográfico ha puesto su obra al día 180 grados. Asimismo, creadores que en este momento su proyección profesional está en el borde de lo que la crítica historicista considera: Mid Carrer, los cuales iniciaron los pasos más precisos de su andar en la década de los 90´s, he aquí a artistas como Juan Carlos Alom, Sandra Ceballos, Raúl Cordero, Alexis Esquivel, Carlos Estévez, Luis Gómez, Jorge Luis Marrero, Armando Mariño, María Cristina Padura, René Peña, JM Pozo, Angel Ricardo Ríos, Elio Rodríguez, o José Ángel Vincench, artistas que algunos consideran una transición generacional definitoria en cuanto a lo que hoy día se esboza como el Arte Cubano de dentro y fuera de la Isla. Y un grupo reducido pero representativo de jóvenes artistas que han comenzado sus carreras a finales de los 90s e inicios del Nuevo Milenio, duchos éstos en los nuevos sistemas representacionales del Videoart y una conceptual fotografía subjetiva donde se hallan: Lien C. Lau, Heidi García, Alejandro González, Glenda León, Ariel Orozco, Rodolfo Peraza, Lindomar Plasencia, y Michel Pou.
 
Segundo, la cuestión transterritorial de lo cubano, más allá de los exilios y éxodos masivos de la población cubana, más allá de las oleadas migratorias; la Cultura Cubana está allí donde un cubano esté. Por tanto, absolutamente nadie tiene la patente de legitimidad política de “lo cubano” como un sello de identidad territorial geo-política, ni la Isla, ni Miami, ni el resto del exilio, sino TODOS. Por ello, en la muestra hay artistas residentes en New York, Miami, Madrid, México DF, Valencia, Málaga y La Habana, por no decir, que un par de ellos además comparten residencias temporales en ciudades como Ámsterdam y Colonia. Razón de más para invitar al fotógrafo y videocreador riojano Héctor Bermejo, con su serie: Flag, metafórica y valiente reinterpretación del símbolo patrio de la bandera cubana, desde un documentalismo conceptual tautológico, realizadas en La Habana, en dos viajes que realizo el artista a la Isla en el año 2007. Ya sabemos, el viaje siempre es de Ida y Vuelta, y viceversa. O vuelta a empezar.
 
Tercero, la cuestión curatorial, los artistas aquí seleccionados no dialogan unos con otros por azar, sino porque representan un estado específico del llamado Nuevo Arte Cubano desde la primera mitad de la década de los 80s hasta nuestros días, y ese estado es su sentido ontológico, autoanalítico. Aún cuando el comisario argumenta que el “Arte Cubano no es lo que era” o incluso que “el Arte Cubano no existe”, es decir: que está en crisis; éste ha encontrado un común denominador que puede unificar el sentido museográfico de esta muestra, y es el carácter terapéutico del Arte Cubano. Algo inherente de la cultura cubana azotada por la provisionalidad, la precariedad y la arbitrariedad; como actitud vital, lo terapéutico, como aquello que Foucault en sus Tecnologías del yo, definiría desde la metódica grecolatina como el “conócete a ti mismo”, aquí se trasmuta y cosifica en una respuesta contra lo real, un mecanismo de defensa espiritual para sobrevivir a la inestabilidad de vivir en una Isla como lo es Cuba, o de vivir la Isla en el dolor de esa tierra de nadie que el exilio de la Isla, melodramas y politiqueos… aparte.
 
De igual manera, TERAPIA DE GRUPO, es la primera muestra colectiva del nuevo milenio de Arte Cubano Actual de dentro y fuera de la Isla caribeña en una galería privada de Arte Contemporáneo en Madrid, -esta vez- ocupando las dos salas de la Galería Fernando Pradilla; y es la primera en Madrid bajo un concepto de comisaría coherente que aúna una visión conciliadora de tres generaciones de artistas cubanos, allá donde estén; desde la exposición: “Atravesados. Deslizamientos de Identidad y Género” (del año 2002), comisariaza por Menene Gras en la Fundación Telefónica. Y que ocurre paralela a una importante muestra de Arte Cubano en el Montreal Museum of Fine Art y en el Institut of Contemporary Art en Londres. Tal vez, como si “lo cubano” estuviera renaciendo, otra vez. Siendo de este modo, aquí podremos encontrar artistas de una franja de edad de entre 50 y 25 años, todos con una carrera profesional apoyada dentro y fuera de la Isla con importantes muestras individuales y colectivas, y con obras producidas en los más diversos medios desde pintura, dibujo, fotografía (analógica en B/N y digital), instalaciones, cine experimental y videoart. Y en este último medio, además la muestra contará con un Mini-Programa de Screening de algunas de las más recientes creaciones en este medio.

Lugar:
Galería Fernando Pradilla & Fernado Pradilla Proyectos.
 Madrid. España.
 
Fechas:
Del 7 de Febrero al 30 de Marzo
 
Comisario/Curator:
Omar-Pascual Castillo

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