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MIRANDO A EL GRECO. Cézanne y Modigliani

MIRANDO A EL GRECO. Cézanne y ModiglianiPor Bárbara Zamora de Barrio

La exposición El Greco y la modernidad de reciente clausura en el Museo del Prado, nos ha permitido observar cómo El Greco

, artista invisible dentro del panorama artístico hasta que las vanguardias lo hacen visible, influyó de una manera, sino decisiva, sí bastante importante en los artistas de la vanguardia.

Manet y Cézanne son los primeros pintores en interesarse por la pintura de El Greco, el primero por su visita al Museo del Prado, pero es éste último el pintor que más absorbe y plasma las enseñanzas pictóricas de El Greco en su propia pintura. El azul característico de la pintura de Cézanne parece evocar los cielos tormentosos de las vistas de Toledo y de los retratos del cretense, los cuales, salvo en raras ocasiones, siempre se representan a través de pinceladas agresivas, con unas tonalidades fuertes basadas en azules oscuros y grises.

MIRANDO A EL GRECO. Cézanne y ModiglianiUna de las obras que más destaca la admiración de Cézanne por El Greco es su versión de La dama del armiño, obra atribuida a El Greco en la cual casi no aparecen los elementos característicos de su pintura, sino que parece influido por los retratos del Rafael más evolucionado de Leonardo. En esta obra, a pesar de que es una versión a partir de una xilografía, Cézanne plasma su propia visión del retrato de El Greco con el color característico del mismo, el azul, un color que también va a marcar la pintura de Cézanne. 

Las figuras de El Greco son recuperadas por Cézanne en sus bañistas y en sus escenas de paisajes idílicos, donde las mismas se alargan y estilizan tal y como hiciera el primero, aunque no de una manera tan exagerada.

Cézanne, por otra parte, es una de las mayores influencias dentro de la pintura de Modigliani, uno de esos pintores que fueron introducidos en la llamada “Escuela de París” por no pertenecer a un movimiento artístico concreto. Modigliani recoge de Cézanne el uso particular de los colores que éste absorbió a su vez de El Greco. También es clara la influencia en la estilización de las figuras, pero en este caso Modigliani va más allá, estilizando aún más las figuras que como lo hiciera Cézanne; además, Modigliani no solo estiliza los cuerpos, sino también los rostros, convirtiéndolos en casi todos sus retratos en una almendra estirada, incluso en sus propios autorretratos. El retrato que se podía contemplar en la exposición, de Paul Alexandre, basado en El caballero de la mano en el pecho de El Greco, nos muestra cómo los pintores vanguardistas admiraron a este pintor, e incluso los retratados, ya que se retrataron para la posteridad tal y como había retratado El Greco tres siglos antes.

MIRANDO A EL GRECO. Cézanne y ModiglianiModigliani, en este retrato, sigue los pasos de El Greco, el cuerpo del personaje es un traje negro, cuyos detalles son diseñados simplemente por una línea de empaste, un negro solo interrumpido por la camisa blanca. Sin embargo, el fondo varía de su ejemplo, ya que si El Greco situaba a su caballero sobre un fondo marrón, Modigliani lo sitúa sobre una vidriera, seguramente de alguno de los muchos locales donde acudían los protagonistas de la vanguardia francesa, y es este fondo el que le aporta el color verdoso a la piel del personaje, simulando el reflejo de la luz a través de la vidriera sobre el rostro de Paul Alexandre. Pero no solo el fondo es de color verdoso, sino que también le aporta el color azulado característico de la pintura de El Greco.

La característica más identificadora de la pintura de Modigliani es la ausencia de ojos en sus retratos, una seña de identidad que no se observa ni en la pintura de Cézanne ni en la de El Greco, ya que es una característica personal de Modigliani; pero esto no es del todo cierto, ya que, en el caso del retrato de Paul Alexandre, si el espectador se toma más de un minuto en observar el retrato, algo que no suele suceder con un pintor tan relegado, se pueden apreciar los ojos del personaje bajo una capa grisácea, como si fueran los ojos de un ciego que, sin embargo, miran al espectador que lo contempla.

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