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En la calle huele a lluvia y a primavera. Corren las nubes como voces mudas por el cielo. Gritos de otro tiempo. Los días de la furia. A lo lejos veo los barcos, esos rascacielos imposibles donde viven nuestros sueños. El azul y el verde esmeralda en los cuadros de Saval. Aquí está el Titanic, volviendo a subir una y otra vez de la oscuridad abisal del océano. No importa cuántas veces se hayan visto cuadros de este pintor, siempre nos llevan a otra parte. Tahúres impávidos, hombres como maniquíes. Igual que el hombre que anoche vino a visitarme mientras dormía. Coches que huyen, aeroplanos y faros con luz de cinematógrafo. Una venus convertida en bodegón. Dulce metáfora de estos tiempos en los que envuelven lo sublime con papel de estraza y se reúnen los sabios del reino para ofrecernos el fruto de las cloacas como la mayor exquisitez.
Tal vez otro Lorenzo Saval, dandy con seseo de Chile, se ahogara en ese barco de lujo y visite por las noches a este Lorenzo Saval para traerle recuerdos de antes de la tragedia, de algún instante feliz que ningún cronista de la época acertó a narrar con precisión. Aunque tampoco el Saval de ultratumba, el Saval submarino, es certero en su cuento. Tuerce lo que recuerda, se le cruza el velo que separa una dimensión de otra y puebla su mensaje con lagunas misteriosas. Y eso es lo que más podemos agradecerle. La irrealidad. El espacio que nos deja para imaginar. La luz de lo imposible con la que hila su cuento.
Camino por el silencio. Esos cuadros llenos están llenos de silencio. Resulta extraño en unos tiempos en los que la pintura fundamentalmente está hecha de gritos y desesperación. Voy dejando atrás los barcos, las ciudades en las que soñamos vivir al cerrar los ojos. El tiempo ha estado detenido, igual que en esos cuadros. Mañana los descolgarán de las paredes. Nosotros también descolgamos pinturas de nuestro pecho, trozos de vida, recuerdos. Al pasar por el lugar donde estaban los buzones vuelvo a acordarme de aquel escritor incipiente. A saber en qué sótano guardaron su corazón de viento. Ya poco importa. Me gustaría creer que vive en uno de estos rascacielos imposibles. La calle también es una voz. Corre el viento y alguien dice que lloverá.
Antonio Soler
La muestra permanecerá abierta desde el 19 de abril al 30 de mayo de 2008.
Lorenzo Saval
Santiago de Chile, 1954. La rama materna de su familia es de ascendencia española, llegada a América, junto a tantos otros exiliados republicanos, al término de la guerra civil. Y, como la paterna, muy sensible a la afición por la cultura.
De hecho, su abuela Elena Montero, además de pintora, diseñó el pabellón de Chile para la Exposición Iberoamericana de Sevilla en 1929; y sus tíos abuelos Miguel y Emilio Prados Such, que dejaron su Málaga natal por Cánada y México respectivamente, sobresalieron el primero en el campo de la psiquiatría —como dato curioso, fue por un tiempo psicoanalista de Juan Ramón Jiménez— y el segundo uno de los poetas más importantes de la llamada Generación del 27, reconocida como una edad de plata en la historia de la literatura española, compañero de escritores de la talla de Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda o el Premio Nóbel Vicente Aleixandre y editor, con el también poeta malagueño Manuel Altolaguirre, de la revista Litoral, la más emblemática de su época y que es hoy un referente de la cultura hispánica del pasado siglo y los comienzos de este. Su madre, Carmen Saval Prados, ha escrito textos poéticos recogidos en un libro y diversas antologías, y, andando el tiempo, trabajó en la redacción de Litoral en su cuarta época, durante la década de los ochenta cuando la revista se edita desde 1968 en Torremolinos (Málaga) bajo la dirección de José María Amado.
La infancia de Lorenzo transcurre, pues, en permanente contacto con escritores y artistas que frecuentan la casa familiar, algunos de los cuales, como el pintor y periodista Darío Carmona, cuya juventud transcurrió también en Málaga junto a los impresores de Litoral, le alentó para que se dedicara por entero a la literatura y el arte.
En 1968, a la par que Amado resucita la cabecera de Litoral de nuevo en Málaga, Saval llega a Madrid para terminar sus estudios de bachiller. Dos años más tarde regresa a Chile, donde comienza a tomarse en serio su vocación poética. En 1973 decide volver a España; en Madrid se gana la vida como disjockey hasta que siente la necesidad de conocer los sugerentes litorales de su familia. Junto al Mediterráneo, el grupo de intelectuales del entorno de Litoral le anima para que edite sus primeros poemas y para que entre a trabajar en la revista. De 1974 es su libro Inesperada presencia, saludado por José Bergamín, otro de los poetas señeros del 27, en un poema prólogo. Asimismo Vicente Aleixandre y Jorge Guillén, escritores estrechamente vinculados a Málaga y a Litoral, respaldan su iniciación en el mundo literario. Francisco Giner de los Ríos, uno de los directores de la Litoral mexicana, será de la misma favorable opinión. Pero va a ser en El hacedor de calendarios, editado en 1979 por la revista en la que colabora, donde Saval dé rienda suelta a su talento para convertir la realidad en sueño y fantasía a través, no ya sólo de la poesía, sino de múltiples géneros que atraen su curiosidad: el relato, los aforismos, sus primeros collages, sus primeras propuestas en el diseño de libros y objetos… Una edición en la que se puede vislumbrar la bifurcación que a partir de entonces va a tener su obra, la constante exploración de cuantos caminos pone a sus pies el arte y el mestizaje de lenguajes y experiencias que acaban por borrar los límites de la creación convirtiéndolo en un poeta pintor, en un pintor poeta o en un diseñador de la palabra y un conversador de la imagen.
Antes, en 1977 y en Madrid, ha expuesto por vez primera una serie de collages de la que se hacen eco los críticos más importantes, mientras que publica diversos relatos en la prestigiosa revista Ínsula. En torno, pues, al inicio de la década de los ochenta, la obra artística de Saval comienza a verse en numerosas exposiciones colectivas e individuales de España y del resto de Europa. Desde entonces hasta ahora, igualmente son muchos los escritores, novelistas y poetas, que solicitan sus cuadros como cubiertas de sus libros, publicados bajo los sellos editoriales más conocidos del mercado hispano. Por supuesto, mientras tanto y desde 1985, las portadas de Litoral son todas collages firmados por él, que ya figura como codirector de la revista. Esta última fecha, por las innovaciones que se introducen tanto en los contenidos como, sobre todo, en el diseño —Saval compartirá esta imprescindible faceta con Miguel Gómez—, supone una nueva época de la revista, la quinta, que se hará aún más diferenciada cuando, a la muerte de José María Amado en 1999, es dirigida ya sólo por Lorenzo, con la ayuda de María José Amado, quien desde los ochenta venía realizando labores de administración. En esta etapa última Litoral, además de seguir atenta a la producción literaria y artística de las generaciones posteriores a la del 27, ha intensificado su carácter cosmopolita reflejando en sus páginas la cultura de diferentes pueblos y países. Los ya casi cuarenta años de esta Litoral rescatada por Amado en el 68 han merecido el reconocimiento de diversas instituciones y organismos culturales, siendo el más reciente la concesión de la Medalla al Mérito de las Bellas Artes del Ministerio de Cultura, que fue entregada por SS MM los Reyes de España.
Pese a que mantener a flote una compañía de tanta solera como Litoral lleva su tiempo, Saval ha continuado mimando su creación artística y su papel como gestor cultural desde los ochenta hasta hoy. Otros títulos literarios son Babilonia, dígame y El sueño de la mujer desnuda. Esa obra polifacética ha sido reseñada por críticos, filósofos y escritores de los que nos vienen a la memoria, como recortes de un álbum, las firmas de José Luis Aranguren, José Luis Cano, Rafael Pérez Estrada, Antonio Jiménez Millán, Luis García Montero, Antonio Soler, Felipe Benítez Reyes, Carlos Marzal… Resumiendo mucho, fue promotor y miembro del jurado del Premio Internacional de Poesía Rey Juan Carlos I, promovido por el Ayuntamiento de Marbella; jurado igualmente de numerosos certámenes de pintura o de literatura; comisario de grandes exposiciones conmemorativas, entre la que destacamos, por su relación con la revista que actualmente dirige, Litoral, travesía de una revista (1926-2006), patrocinada por la Sociedad de Conmemoraciones Culturales y el Centro Cultual de la Generación del 27. De este Centro, ubicado en Málaga para difundir el legado de dicha generación, fue nombrado director en 1999. Allí creó la revista de cultura El Maquinista de la Generación, que sigue editándose; fundó los ciclos de lectura Máquina y poesía y Compañeros de viaje, por donde pasó lo más granado de la literatura en habla española; y adquirió la Antigua Imprenta Sur, fundada por su tío abuelo Emilio Prados y donde se editaron la primera Litoral y sus Suplementos, en los que aparecieron las obras iniciales de todos los poetas importantes del 27. El ciclo audiovisual Máquina y Poesía fue, en realidad, el fruto de una experiencia anterior realizada, bajo su coordinación, en Aix-en-Provence organizada por las Universidades de esta villa francesa y la de Málaga. Litoral, en esta su última etapa, ha tenido también sus suplementos, llamados El agua en la boca y que han recogido la obra de una veintena de autores actuales malagueños. Los escritores de las generaciones más recientes, algunos de los cuales han merecido un número monográfico de Litoral, siguen colaborando en catálogos o en libros propios con Lorenzo, como ilustrador de los mismos. También músicos y cantantes célebres, como Miguel Ríos o Joaquín Sabina, han abierto sus conciertos con decorados suyos. Al cumplirse los ochenta años del nacimiento de Litoral en Málaga y los de la Generación del 27 son numerosos los documentales que se están filmando en estos momentos sobre la revista y la obra artística de Lorenzo, quien, además, continua apareciendo en infinidad de medios de comunicación y revistas especializadas en arte y literatura en entrevistas o con sus relatos, poemas y collages.
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