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Vanessa Henn
Por Eva Shakouri
En un sistema social, los artistas ejercen una función fundamental. Consciente o inconscientemente, de manera intencionada o no, contribuyen al proceso de creación de la identidad de la sociedad a la cual pertenecen. Son personas, que mientras habitan y se implican en la misma vida cotidiana que nosotros, mantienen la singular capacidad de destilar lo más esencial de nuestra sociedad, capturarlo en un lenguaje inventado por ellos y enseñárnoslo a todos las personas que tengamos interés por verlo.Vanessa Henn es una de estas personas que – por su manera de ser, sus experiencias y vivencias, sus inquietudes – representa toda una generación de jóvenes mallorquines que están al frente de la nueva identidad socio-cultural de la isla.
En los años 90 Vanessa Henn dejaba de ser una niña para convertirse en una adolescente que como muchos jóvenes de su generación aprovechaba la excusa de estudiar fuera para marcharse de la isla, ver el mundo, y empaparse de otras culturas. Igual que sus contemporáneos, partía sin rumbo fijo, sin mucha idea de si volvería a Mallorca al cabo de unos años.
Birmingham, en el norte de Inglaterra, fue donde se quedó para estudiar la carrera de Comunicación Visual, especializándose en Fotografía. Después de licenciarse, se trasladó a Londres donde trabajó como asistente de fotografía durante unos años. Viajó por medio mundo llevando consigo su cámara de fotos, sin ninguna intención concreta, más que la de hacer sus propias fotografías, “… no pensaba en hacer exposiciones. Mi meta ha sido tener un estilo de vida que me permita hacer fotos para mi misma”.
Hace dos años Vanessa volvió a Mallorca porque “quería reconectar” explica ella, con su familia, con sus amigos... Lo que encontró fue una isla que había evolucionado… una sociedad que no se había mantenido indiferente a los movimientos culturales que ella iba conociendo en sus viajes. “… para ser una ciudad relativamente pequeña, y geográficamente apartada del resto (por ser una isla), hay muchas cosas pasando en Mallorca” dice Vanessa. Y es que en los últimos 20 años, Mallorca no sólo ha sabido absorber y asimilar las riquezas de las culturas que acoge y que la visitan, sino que ha logrado proteger y cultivar un estilo de vida que escasea cada vez más en las ciudades de occidente: el espíritu de comunidad, un ritmo de trabajo sosegado y la vida social al aire libre. Es precisamente esta singular combinación que está atrayendo cada vez más a los jóvenes que buscan un lugar donde asentarse para construir su vida a su estilo particular.
Cómo consigue abrirse camino un joven artista que vive en la isla, le pregunté, aludiendo a la singular oportunidad de hacer su primera exposición individual en la galeria Ferrán Cano. “Yo he tenido mucha suerte… Ferrán vio mis fotos porque se las enseñó un amigo, y de ahí me invitó a participar en una exposición colectiva de jóvenes fotógrafas para Palma Photo 2002”, explicó Vanessa refiriéndose a la especie de festival de fotografía contemporánea que llevaban a cabo de manera conjunta las principales galerías de arte de Palma de Mallorca.
Vanessa me habla en castellano, y de vez en cuando, toma prestadas palabras y expresiones intraducibles de otros idiomas para expresarse mejor. Es lo que le viene más natural, y aquí en Mallorca, “todo el mundo” la entiende.
La exposición que se inaugurará este viernes 1 de Julio, es su primera
exposición individual y tiene lugar dentro del marco de la iniciativa “Art Palma Project”. Se trata de una iniciativa, impulsada desde la asociación de galerías de arte “Art Palma”, que permitirá que los jóvenes artistas más talentosos y afortunados puedan exponer su obra en una de las siete galerías más prestigiosas de la isla.
La Exposición:
Melodramas es el título de una exposición que recoge la obra más reciente de la joven artista mallorquina Vanessa Henn. Incluye una serie de fotografías intervenidas, cajas de luz, y algunos objetos también bordados, a través de los cuales la artista nos presenta una visión satírica de la condición humana “del melodramatismo y esa especie de masoquismo emocional al que nos podemos llegar a someter por conseguir al amado o amada”.
Las imágenes muestran objetos e individuos con poses que nos recuerdan al sadomasoquismo, al fetichismo, al kitsch, y lo teatral. Se ven botes de pócimas para “enganchar al amado”, bordados coloridos, y fragmentos de desnudos en posiciones de sufrimiento…
“Empecé a pensar en la teatralidad y las tendencias masoquísticas que demuestran algunas personas en su manera de amar; en un viaje a México me encontré con unas fundas de almohada cuidadosamente bordadas por las mujeres… llevaban mensajes exagerados con un lenguaje teñido de sentimentalismo exacerbado… y pensé en lo absurdo de una situación donde unas mujeres se pasan el día cosiendo para demostrar su amor hacia una persona que podría sentirse indiferente hacia ello” cuenta Vanessa.
A primera vista puede parecer que la artista está echando una mirada típicamente feminista y altiva hacia los rituales amorosos que llevan a cabo las mujeres que pertenecen a comunidades tradicionales donde domina el machismo y la sumisión de la mujer se considera como una virtud. De hecho, la artista empezó a pensar en este tema como poco más que una anécdota divertida… “pero luego empecé a pensar que tal vez todos -hombres y mujeres- hacemos eso de alguna manera, con diferentes actos y rituales… pero que en el fondo viene a ser el mismo instinto… cambiando nuestra manera de vestir, nuestras costumbres, o nuestros principios… la cuestión es ¿cuánto estamos dispuestos a sacrificar para conseguir al amado?”. Del mensaje que contiene su obra, nos dice: “No se trata de una obra que tiene la intención de criticar la sociedad, o ser mega-trascendente, mi punto de partida es un guiño… y además tampoco soy Bill Viola!... (dice entre risas). Pero lo cierto es que aunque suena ridículo, parece que hay gente a la que le gusta ponerse en esa situación. Aceptan ese rol sumiso. Puede ser adictivo, quizás?”.
Es fácil ser crítico con los rituales de otras culturas. Llevar a cabo ese mismo ejercicio sobre nosotros mismos, no lo es tanto. Los artistas están ahí para ayudarnos un poco. En Melodramas, la obra de Vanessa Henn nos muestra un espejo en el que vemos una imagen desconcertante. Empezamos el recorrido de la exposición con una sonrisa, y salimos de la sala pensando.


