Aviba’t
Por Pau Waelder
Aviba’t
Alaró, 23 julio 2003
Del 19 al 23 de julio, la Associació d’Artistes Visuals de les Illes Balears (AAVIB) organizó un ciclo de talleres y conferencias bajo el título “Aviba’t. Vitamines per l’artista. Reforça els teus drets”. El Casal Son Tugores de Alaró fue la sede de estas jornadas, cuyo objetivo ha sido, por una parte, generar un debate en torno al papel de los artistas en la política cultural, y por otra ofrecer a los artistas unas “vitaminas” en forma de talleres interdisciplinares y ponencias en torno a los derechos de autor. Las sesiones se completaron cada noche con proyecciones, conciertos y performances.
Las ponencias contaron la destacada participación de responsables de VEGAP, el MACBA de Barcelona y las Asociaciones de Artistas de Madrid y Barcelona, y dieron lugar a interesantes debates (según me comentó Tina Codina, fue especialmente animado el encuentro de colectivos alternativos). Pero me limitaré aquí a comentar la ponencia del último día, en la que se planteó la cuestión de los centros de recursos para artistas. Daniel Villegas, de la Asociación de Artistas de Madrid (AVAM), presentó el número 11 de la revista Inventario, un monógrafico que recoge la transcripción del ciclo de conferencias que, bajo el título “Un centro de recursos a debate”, habían tenido lugar en el Centro Cultural Conde Duque de Madrid en noviembre de 2004. La AVAM se enfrenta ahora al reto de la creación del Centro de Recursos de Arte Contemporáneo (CRAC) de Madrid, y por ello organizó unas jornadas en las que se dieron cita los responsables de diversos centros de España, Holanda y Canadá, así como a los representantes de las instituciones públicas de la ciudad, para debatir qué modelos de gestión podría adoptar el CRAC.
¿Y qué es un centro de recursos? Si bien hay modelos muy diversos, un centro de recursos es principalmente un organismo que facilita medios a los artistas para facilitarles la producción de su obra. Una manera de llevar esto a cabo es facilitar espacios y servicios a muy bajo coste, como es el caso de Hangar, en Barcelona. Este centro, ubicado en un viejo edificio industrial de 1.800m2 en el Poblenou, alquila espacios a los artistas, facilita el uso de equipos (impresión a gran formato, software, equipos de edición, etc.) y asesora en la producción de proyectos en colaboración con técnicos especializados. Pero un único gran espacio no es la única solución, como demuestra el colectivo La Méduse, de Québec (Canadá), diez centros independientes que trabajan de forma colectiva compartiendo recursos para ofrecer programas de formación, residencias para artistas extranjeros, y uso de materiales y equipos a bajo coste entre otros. También hay centros de recursos que enfatizan la investigación y la presentación de los proyectos, como es el caso del MediaLab Madrid, que integra un espacio expositivo y combina ciclos de talleres con un festival en el que se presentan proyectos propios y de otros lugares. Con este modelo, algunos centros, como el V_2 de Rotterdam (Holanda), han conseguido desarrollar proyectos de gran envergadura (como el proyecto MIR, que facilitó acceso a un grupo de artistas a recursos de tecnología espacial ) y un papel protagonista en la agenda cultural de su ciudad con el festival DEAF, que reúne anualmente a más de diez mil visitantes. Otros centros de recursos han centrado su producción en las nuevas tecnologías, como el Banff Centre, en Alberta (Canadá). Con una larga historia como residencia de artistas, el centro creó en 1995 el Banff New Media Institute, organizando talleres y estableciendo vínculos con otros centros de media art. A lo largo de los años, el centro ha ido adquiriendo prestigio y ha establecido alianzas con universidades, empresas y ramas del gobierno ajenas a Cultura, como son Industria y Tecnología. Por esta vía, ha conseguido crear un centro de recursos tecnológicos para el arte contemporáneo internacionalmente reconocido. Dentro de esta última rama, pero con una dedicación exclusiva a la investigación en el encuentro entre ciencia y tecnología, se encuentran los medialabs, entre los que destacan por ejemplo el MIT Medialab de Massachussets (EE.UU.) y el Ars Electronica Futurelab de Linz (Austria). Estos centros, normalmente vinculados a universidades y centros de investigación, cuentan con tecnología de última generación (de hecho son creadores de nuevas tecnologías) y el apoyo de la industria, que suele beneficiarse de sus invenciones. Incorporando un espíritu creativo y la colaboración con artistas, generan proyectos que se mueven en la frontera entre el arte y la tecnología, por lo que se discute mucho si los productos de sus investigaciones pueden ser arte o simplemente nuevas aplicaciones de las nuevas tecnologías. Todos estos son diferentes modelos de centros de recursos. Pero entonces, ¿para qué un centro de recursos?
Cualquiera que haya visitado una exposición de arte contemporáneo se habrá preguntado en algún momento cómo hizo el artista aquello. Esto especialmente en el caso de las instalaciones o grandes esculturas, en las que, más allá de la habilidad del artista con una determinada técnica, intervienen factores de logística (no puedo sino sentir una profunda envidia hacia artistas como Fabrizio Plessi, quien además de tener el genio para concebir sus monumentales instalaciones, dispone de los medios para hacerlas realidad). El problema de los recursos para la producción de la obra no es por supuesto exclusivo del arte contemporáneo, pero si es cierto que hoy en día la gran variedad de medios y técnicas que se pueden emplear en un proyecto llevan al artista a necesitar recursos técnicos específicos, financiación o simplemente asesoramiento. Hasta hace poco yo mismo pensaba que quien no sepa buscar la manera de conseguir estos recursos, no se está dedicando suficientemente a su propia obra y por tanto no merece hacerla, pero en contra de esta concepción darwinista de la producción artística debo admitir que un centro de recursos es una buena solución para ayudar al desarrollo del arte contemporáneo.
Todo esto nos lleva a la propuesta de un centro de recursos para las Illes Balears. La AAVIB lleva reclamando la creación de dicho centro desde la época del Pacte de Progrés, y ahora, tras un cierto período de letargo, se vuelve a plantear el tema a las instituciones públicas. Uno de los principales problemas que tienen los artistas en Palma, según indica Marcos Vidal, secretario general de AAVIB, es la falta de espacios, puesto que el encarecimiento de los alquileres ha hecho casi imposible que un artista disponga de un estudio además de su propia vivienda. Por ello, una de las características principales que debería tener el centro de recursos es una gran superfície que pueda ser convertida en talleres. A diferencia de un centro cultural, de los cuales ya hay una gran cantidad en toda la isla, el centro de recursos debe destinarse principalmente a la producción, por lo cual el aspecto expositivo es incluso secundario. No obstante, sí sería necesario disponer de espacio para organizar conferencias, encuentros y talleres (workshops), que reuniesen a artistas y profesionales del circuito internacional. La información también es un recurso importante, y como señalan reiteradamente los responsables de los centros de recursos, es esencial contar con un espacio de encuentro en el que se puedan debatir temas, compartir información o plantear colaboraciones. Otra reivindación del colectivo de artistas, señalaba Daniel Villegas, es que dicho centro esté pensado para los artistas y sean éstos, por medio de las asociaciones o por votaciones directas, quienes decidan el modelo de gestión y las funciones del mismo. El representante de AVAM comentaba que en muchos casos las instituciones no escuchan a los artistas y pretenden impulsar el arte contemporáneo sin tener en cuenta a aquellos que lo producen.
En resumen, y destilando unos puntos generales a partir del debate que se produjo en Alaró y de los temas planteados en Madrid, me permito presentar aquí unas líneas generales de lo que podría ser el Centro de Recursos para Artistas de las Illes Balears:
· Un local ubicado en Palma, posiblemente en un edificio de titularidad municipal que haya quedado en desuso, con las dimensiones suficientes para alojar talleres, una sala de conferencias y proyecciones, biblioteca, bar o lugar de encuentro y otras dependencias (almacenes, oficinas, etc.).
· Un equipo humano formado por profesionales con capacidad para gestionar programas de formación, conferencias, intercambios con otros centros, y asesorar en la producción de proyectos artísticos.
· El equipamiento técnico necesario para realizar estas funciones, desde proyectores, equipo de audio y video, hasta equipos concretos como pueda ser un tórculo o una mesa de edición. O, en su defecto, acuerdos con empresas que faciliten estos servicios a artistas a muy bajo precio.
· Una línea de trabajo sólida, centrada en la producción, que gestione eficazmente los recursos y procure visibilidad a los proyectos de los artistas por medio de soluciones de bajo coste, tales como visitas de estudio para público y profesionales. Colaboración contínua con los diferentes colectivos y centros de arte de las islas, así como con otros centros de la península y el extranjero.
· Una financiación idealmente soportada al 50% por las instituciones y empresas privadas, así como un porcentaje de autofinanciación a través del alquiler de espacios y recursos, cursos y publicaciones.
Un proyecto bien definido necesitará de muchas más consideraciones. Pero creo que, como dicen desde la asociación de Madrid, ya con el hecho de plantearlo este centro se va haciendo realidad. Espero que así sea.


