Warning: count(): Parameter must be an array or an object that implements Countable in /home/ambltcom/public_html/libraries/cms/application/cms.php on line 470
Joan Fontcuberta: ruido blanco. Auditorio de la Fundació Pilar i Joan Miró a Mallorca - REVISTA DE ARTE CONTEMPORÁNEO AMBLART.com

AMBLART

desde 2005 ayudando en la promoción del Arte Contemporáneo

Joan Fontcuberta: ruido blanco. Auditorio de la Fundació Pilar i Joan Miró a Mallorca

Por Pau Waelder

A Aina Solano.

Joan Fontcuberta: ruido blanco
Auditorio de la Fundació Pilar i Joan Miró a Mallorca

8 de septiembre de 2005

Coincidiendo con el curso “Fotografía e impresión digital” que ha impartido en los Talleres Miró, el prolífico artista catalán Joan Fontcuberta ofreció una conferencia que bajo el título “ruido blanco” supuso un repaso a su trayectoria artística reciente y una presentación de su última obra.

Fontcuberta inició su intervención contextualizando la temática de sus últimos proyectos, la relación entre fotografía y paisaje, con la obra de otros fotógrafos que han tratado este tema. Los “Lugares de historia” de Bleda y Rosa, fotografías de los parajes de grandes batallas de la historia ahora olvidados y huecos, la serie “Terrain vague”, en la que Xavier Ribas recorre con ojo de reportero los descampados, espacios en blanco de la planificación urbanística que son ocupados anárquicamente por los ciudadanos, y los ejemplos de arquitectura kitsch recogidos en todo el mundo por Jordi Bernadó para su proyecto “Good News, Bad News”, fueron presentados como ejemplos de un acercamiento documentalista a la realidad del paisaje. Por otra parte, la serie “Vuelo de Ángel”, de Valentín Vallhonrat, en la que, a imitación de los miembros de la Mission Heliographique, recoge imágenes perfectas de los principales monumentos del mundo gracias a un conjunto de detalladas maquetas, la obra de Rafael Levenfeld, que combina reproducciones de viejos libros, recreando a la manera de Borges el mundo entero desde su biblioteca, y finalmente la obra de Perejaume, continua reflexión sobre la relación entre arte y paisaje, constituyeron los ejemplos de un tratamiento del paisaje como elemento de ficción.

Esta nutrida e interesante relación de ejemplos sirvió al conferenciante para introducir su propio trabajo en relación con el paisaje, empezando con el proyecto Securitas (2001).  En esta serie de fotografías e instalaciones, Fontcuberta reflexiona en torno a la coincidencia formal del perfil de una cadena de montañas con el perfil de una llave. Dicha coincidencia le llevó a la relación metafórica de ambas como símbolo de seguridad, territorio, propiedad y límite. Así empezó por elaborar una serie de fotografías en las que, colocando las llaves de amigos directamente bajo la ampliadora, obtenía una imagen que recordaba el perfil de una montaña a contraluz. No obstante, la relación simbólica perdía fuerza al pertenecer las llaves a personas anónimas, por lo que para la exposición que preparó para el Centre d’Art Santa Mónica, en Barcelona, solicitó a 30 representantes de las instituciones que simbolizan el poder y la seguridad en España (desde el Rey al ministro de Interior y los máximos responsables del Ejército y la Policía) que le prestasen sus llaves. Con ellas elaboró un gran panel que representa a la vez una cadena de montañas y la expresión gráfica de la seguridad en este país. El paisaje se convierte en esta obra en un elemento significante, cargado de simbolos a la vez que equívoco, como es frecuente en la obra de Fontcuberta.

Ya en este proyecto, el artista catalán inició una investigación con el medio que protagonizaría su próximo proyecto, los paisajes digitales. El trabajo con recreaciones infográficas en 3D se remonta a una obra anterior, Topophonía (1992-93), elaborada con los hermanos Narcís y Roc Parés. En ella, los artistas crearon una vista virtual de la sierra de Montserrat, que el visitante podía navegar por medio de un joystick. Una vez escogido un punto de vista, el mismo espectador indicaba al ordenador que transcribiese los puntos del perfil que estaba observando a un pentagrama, generando así una forma musical derivada de la orografía del terreno. Esta transposición de lenguajes es retomada por Fontcuberta en Orogénesis (2003-04), un proyecto en el que convierte grandes pinturas de la historia en bellos paisajes digitales. En 1994, el artista lleva a cabo una residencia en el Banff Centre for the Arts, de Canadá, y experimenta una sensación de extrañeza ante el majestuoso espectáculo del parque natural de las Montañas Rocosas. Aquel paisaje se le antoja “demasiado perfecto” e incluso “menos real” que su Barcelona natal. Ello le lleva a experimentar con la creación de una naturaleza artificial con la ayuda de programas de animación 3D como VistaPro y TerraGen. Sus primeras experiencias, tratando de desvelar las limitaciones de esas creaciones virtuales, no le convencen desde el punto de vista de su contenido filosófico, y decide adoptar otro planteamiento. Introduce en el programa, no la imagen de un mapa, sino la de una pintura, y al interpretar el ordenador las escalas de color de la composición como valores de altura, genera un paisaje ficticio que es no obstante la interpretación literal del cuadro. Fontcuberta trabaja sobre el terreno añadiendo árboles, lagos, bruma... busca un punto de vista y capta una instantánea de la naturaleza digital que ha creado. Obtiene así una imagen “de postal”, como él la califica, en la que se funden aquella naturaleza demasiado perfecta del parque canadiense, el acto creativo del artista y la abstracción que resulta de toda representación de la realidad. Posteriormente, el artista realizó una serie de paisajes digitales a partir de varias obras de Dalí, un encargo de Museo Dalí de Florida que le pareció especialmente adecuado, puesto que el proceso de trabajo es, en sus palabras: “como introducir el método paranóico-crítico en el ordenador”.

El proyecto más reciente de Joan Fontcuberta, Googlegramas (2005), prosigue la línea de investigación con los medios digitales y la deconstrucción-reconstrucción de la imagen, o su interpretación en un código diferente (de aquí el título de “ruido blanco”, término que se emplea para denominar los casos en que los datos nos llegan en un formato que no podemos decodificar: la información está ahí, pero no podemos interpretarla). En este caso, el artista recurre a la atomización de la imagen, a su constitución no como forma única sino como acumulación de unidades básicas, lo que en el medio digital conocemos como píxels (de picture element) y que desde la Antigüedad se conoce como mosaicos. Como señala Fontcuberta, esta concepción de la imagen puede remontarse al cubismo (en cuanto a deconstrucción) y tiene notables ejemplos en la obra de artistas como David Hockney o Vik Muniz. En este caso, el recurso tecnológico lo encontramos en el programa con el que Robert Silvers, ingeniero del MIT, elaboró en 1995 los primeros “fotomosaicos”,  componiendo una fotografía a partir de miles de otras fotografías de un banco de imágenes. El programa interpreta los valores de tono y las formas predominantes de cada fotografía para hacerla concordar con una porción de la fotografía final. De esta manera se consigue una imagen reconocible a una cierta distancia, que al ser observada de cerca revela su composición. Más tarde, otro programador, Frank Midley, elaboró una versión de dicho programa en la que ya no es preciso disponer de un banco de imágenes, sino que las fotografías se obtienen directamente de Internet. El proceso en este caso incorpora la palabra, puesto que las fotografías que van a componer la imagen final se obtienen a través de una búsqueda en Google. La intervención de Fontcuberta aquí consiste en la elección de la imagen final y de las palabras con las que se efectuará la búsqueda. Es una participación mínima a nivel de proceso pero determinante a nivel conceptual: en su primera obra, el artista escoge la imagen recogida por Nicéphore Niepce desde la ventana de su estudio en 1826, la primera foto de la historia de la fotografía, y realiza la búsqueda en Google con las palabras “foto, photo”. Obtiene con ello la imagen de Niepce compuesta por 10.000 otras fotos, que en su opinión constituyen un compendio de toda la historia de este medio. Fontcuberta continua aplicando el proceso con temáticas de actualidad, y así compone una imagen de un inmigrante muerto en una playa con fotos de los temas que según una encuesta son los que más preocupan a los españoles. O bien una imagen de un indigente durmiendo en la calle con las fotos de las cien personas más ricas del planeta. O una imagen de unos ovnis con las fotos de los lugares en los que se ha aparecido la Virgen. El artista afirma que el proceso le interesa más que el resultado, y de hecho en estas obras es el concepto el que resulta más interesante, puesto que el recurso del fotomosaico ha sido empleado ya tantas veces en campañas publicitarias y revistas que resulta aburrido.

Con todo, el planteamiento conceptual de la obra de Joan Fontcuberta sigue siendo sólido e interesante, planteando nuevas reflexiones en torno a la representación de la realidad. Como él mismo afirma, “es responsabilidad del fotógrafo no sólo recrear la vista del espectador sino llevarlo a la aventura de pensar”.