Jerusalem. Jaume Plensa. Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani
Por Pau Waelder
Jerusalem
Jaume Plensa
Aljub de Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani
Hasta el 15 de octubre de 2006
Jerusalem. El nombre trae a la mente un conflicto milenario, tal vez irreconciliable, una ciudad marcada por la separación y el odio en nombre de Dios. Pero no siempre fue así, hubo un tiempo en que Jerusalem era sinónimo de belleza, y en ella se cantaba al amor, como nos recuerdan los versos del Canto de Salomón, más conocido como el Cantar de los Cantares:
“Hermosa eres tú, amada mía, como Tirsá;
bella cual Jerusalem
e imponente como batallones.
Aparta de mí tus ojos,
que me fascinan.”
(Cantar de los Cantares, 6:3-4)
Los versos atribuidos al rey Salomón nos hablan del amor, del erotismo, de la belleza y el desenfrenado vigor de la juventud. Su tono alegre y festivo sorprende entre la sobria solemnidad de los otros textos del Antiguo Testamento, y pese a que se ha querido interpretar de una forma alegórica, no es sino una celebración de la vida, de la pasión y la inocencia de los jóvenes amantes.
Jaume Plensa ha llevado al Aljub de es Baluard uno de sus trabajos elaborados a partir de fragmentos del Cantar de los Cantares. Titulada “Jerusalem”, la instalación ha sido creada especialmente para este espacio que antaño fue un depósito de agua y conserva una inigualable bóveda de piedra. Al entrar, el visitante se encuentra con una figura cubierta de letras (icono de la obra del artista), sentada en el suelo, que contempla meditativa un conjunto de 18 gongs dispuestos en dos filas que se extienden hacia el fondo de la sala. La disposición es claramente escenográfica, y aquí cabe recordar la experiencia del artista con producciones teatrales y operísticas junto a la Fura dels Baus. Los gongs cuelgan directamente de la bóveda por medio de cordeles rojos, y junto a ellos cuelgan a su vez unos mazos con los que el espectador puede golpearlos. En la superficie de bronce dorado se hayan inscritos pasajes del Cantar de los Cantares, si bien éstos se han extraído de una traducción inglesa, lo cual dificultará su comprensión para un gran número de visitantes (y aquí cabe preguntarse, si la instalación ha sido creada específicamente para Es Baluard, ¿porqué no escoger una traducción en catalán o castellano?).
Al ser golpeado, el gong emite un sonido grave, sostenido, que barre con todos los demás sonidos y conmueve de una manera profunda. Empleado como señal de alerta, llamada de atención, comunicación ritual con los dioses o como sonido que acompaña a la meditación, el solemne tono del gong invade la sala e invita a una contemplación no visual, sino auditiva. Con esta instalación, Plensa sabe sacar el máximo provecho de la sala que la acoge, como ya hiciera Rebecca Horn con su poética “La luz atrapada en el vientre de la ballena”. Unos pocos elementos bastan al artista para crear un entorno en el que el espectador toma un papel activo, y al golpear el mazo algodonado contra la superficie broncínea es como si los versos que en ésta se hallan grabados se proyectaran con la onda expansiva, transformándose la palabra en sonido, lanzando al espacio de la sala su hermoso mensaje.
La instalación de Plensa se convierte así en una suerte de espacio sacro, un templo que no pertenece a ninguna religión concreta, y por ello combina sabiamente elementos de la tradición judeo-cristiana y la espiritualidad oriental. Un espacio desde el que tomar partido, simbólicamente, por la difusión de un pensamiento que trascienda el odio y la violencia, por el aquietamiento de la mente que permita descubrir el amor y la belleza que anidan en el interior de cada uno de nosotros.


