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BOTERO. Una mirada diferent. Casal Solleric. Palma de Mallorca PDF Imprimir E-Mail

Sample ImageCasal Solleric. Planta noble
Passeig del Born, 27. Palma de Mallorca

20 setembre – 18 novembre

 

Nacido en Medellín –Colombia– en 1932, Botero se formó en la Academia de San Fernando de Madrid y en la de San Marco de Florencia. Se trata, por tanto, de un creador latinoamericano profundamente conocedor de la cultura europea. Así, en su pintura se entremezclan a menudo referencias a los grandes maestros españoles, italianos, franceses y holandeses junto a sus temas más recurrentes, como las frutas, los niños, los toros o los retratos de diversas jerarquías militares y eclesiásticas. En el trasfondo de su característica voluptuosidad se detectan ciertas connotaciones irónicas cargadas, en muchas ocasiones, de fuerte crítica social.

  

Con esta serie el artista colombiano Fernando Botero quiso dejar un testimonio de la barbarie colombiana. El pintor no pretende cambiar la realidad o ilustrar un acontecimiento, sino que busca captar y mostrar aspectos constitutivos de la historia reciente del país, para que hoy, y en el futuro, sirva como recordatorio. Por primera vez introduce en su trabajo un inédito sentido de la tragedia, en el que la alegría de vivir desaparece y es reemplazada por la conciencia dolorida.

  

La naturaleza del testimonio que Botero deja para las generaciones presentes y futuras va más allá del propósito puramente artístico o formal.  Su ideal de que el arte sirve para escapar de la crueldad de la vida al ofrecer un remanso de serenidad y belleza, queda ampliamente replanteados. Con indignación contenida deja desfilar por la tela y el papel diferentes episodios y anónimos protagonistas, congelados unos en el instante mismo de la desgracia individual o colectiva, sorprendidos otros en un momento íntimo de llanto o insoportable dolor.

  Estas imágenes no invitan a la rebeldía o a la movilización social; carecen de una filiación ideológica, de un proyecto político, de una enseñanza moralizante o incluso de una voz de esperanza. El compromiso sigue siendo con el arte mismo, vale decir, con las necesidades expresivas del creador y con sus propias leyes. Se trata entonces de una mirada compasiva, exacerbada y solidaria, dotada del más alto sentido ético y estético, que ofrece un testimonio personal ineludible para el más indiferente, a fin de que no se olviden tantas vidas que ha segado la barbarie. La muestra consta de unas sesenta obras donadas por el propio artista al Museo Nacional de Colombia en el año 2004.

 

 
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