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Por Aina Solano El universo personal y onírico creado por el fotógrafo japonés Shoji Ueda (1913-2000), inunda desde este miércoles las instalaciones de la Fundació La Caixa de Palma a través de una selección de 150 de sus obras, que muestran una pequeña parte de los setenta años de trabajo del artista nipón. |
“Una línia subtil: Shoji Ueda 1913-2000” reúne, hasta el próximo 9 de octubre, fotografías que abarcan siete ámbitos distintos y que recorren gran parte de la peculiar y profunda visión que el maestro supo transmitir a través de su obra. Escenas urbanas y encuadres que reflejan “la provisionalidad de la vida” dejan paso, en esta muestra, a un realismo no exento de misterio, derivado del simbolismo onírico del que tan a menudo hacía uso el artista. Sus personajes habilmente situados entre las dunas de Tottori, su tierra natal, protagonizan sus fotografías más conocidas. En dichas imágenes, el fotógrafo japonés logra crear, ante el espectador, sorprendentes y tiernos contrastes. Se ha dicho, de Ueda, que logró resolver “una de las ecuaciones más apasionantes de la fotografía: sumar la capacidad resolutiva de la técnica occidental con la sensibilidad oriental”...Todo ello, eso sí, en palabras de la responsable de Fotografía y Artes Visuales de la Fundació La Caixa, Marta Gili, “contemplado desde una visión europea y completamente distinta a todo lo que constituye y lleva consigo la cultura y la filosofía oriental”. Puntualiza, la experta, que “oriental” siempre es “una manera de entender la vida y el mundo, que en conceptos como el tiempo y, sobre todo, en la forma de cómo el cuerpo está en el mundo, dista mucho de nuestra manera de entender la vida”. Añade, Marta Gili, que no hay que olvidar que Ueda “estaba trabajando en Japón antes y también mucho después de la Segunda Guerra Mundial…con la huella y la marca que dejó dicho acontecimiento en el mundo y en su país natal”. Todo ese profundo dolor se intuye a través del mundo onírico que el artista plasmó en muchas de sus obras. Shoji Ueda se distanció de sus coetaneos en dicha época. Cuando en la década de los 40 la mayoría de fotógrafos en Japón y también en Europa se lanzaron al fotoperiodismo intentando ofrecer una especie de compromiso con la sociedad, “Ueda se encierra en sí mismo, en sus playas de Tottori, con su familia…y construye desde allí su mundo interior, que poco a poco irá plasmando en sus fotografías”, detalla Gili. En su técnica se aprecia su constante deseo de jugar con diferentes planos, lo que se traduce en la sensación que percibe el espectador de ver dos imágenes en la misma obra. En este sentido, el maestro japonés consideraba que “podemos construir varias historias con una sola mirada, en una sola imagen”. Siempre se definió como un fotógrafo aficionado y curiosamente han sido las imágenes que hizo por voluntad propia y no para ganarse la vida las que le dieron posteriormente más fama. Como bien apunta la responsable de Fotografía y Artes Visuales de la Fundació, esas instantáneas son las que Ueda “consideraba más suyas y las que más le representan a él como ser humano”. Las que fotografiaba fotografiándose a sí mismo. La exposición “Una línia subtil: Shoji Ueda 1913-2000” organizada por la Fundació La Caixa y coproducida por el Musée de l’Elisée de Lausana, pretende que el público europeo “descubra otra manera de mirar”. La muestra, que llega a Palma tras estar expuesta en Madrid, incluye, además de visitas comentadas, un taller dirigido por el artista ‘llucmajorer’ Toni Catany, considerado por la revista ‘Life’ uno entre los cien mejores fotógrafos del mundo y uno de los fotógrafos baleares que, según Gili, “mejor podía comprender a Shoji Ueda”. |