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Por Antonio Camba
Salgo de casa, hacia mi cita matutina de los martes, cámara en mano. Ayer empecé la nueva aventura de Amb L´Art, y tengo que ponerme en serio con el proyecto. Aprovecho para pasarme por la calle San Jaume, a ver que exponen en Xavier Fiol y Altair. Miro el reloj. Poco tiempo me queda. Antes de mi cita me gustaría tomarme un café. En Xavier Fiol, “The painting show” comisariada por Pilar Ribal. Echo un vistazo rápido, ya que el tiempo me apremia. Saludo a Xavier, siempre atareado, y contemplo de un vistazo la exposición. Como pasa en muchas colectivas, cada obra es un mundo diferente, en este caso, la unidad la da la técnica y que las piezas, cada una por separado, son excelentes. Me llama la atención la pieza de Santi Picatoste y un papel de Pedro Calapez. Está claro que la pintura volverá, pero realmente nunca se fue. Salgo disparado hacia Altair que me la encuentro cerrada, pero desde el exterior percibo una obra tétrica. Intentaré pasarme otro día. Ya que aún me quedaban unos minutos para mi café, me acerqué al Solleric, a ver que exposiciones tenía. En la planta baja, Picasso obra gráfica de principios de los 60. En la primera planta Henry Cartier-Bresson, fotografías de mediados de los años 50 (está claro que no pasé de la primera sala). Mi café me reclama. El resto tendrá que esperar. Ya saliendo por la puerta me acuerdo del espacio del sótano que tan magníficamente está dirigiendo Neus Cortes. Bueno, seguro que me da tiempo a todo, un vistazo rápido, y listo. Mierda, Catarina Campino (ahí me di cuenta de que me jugaba mi café), según entras en el pasillo superior, una sucesión de televisiones con cascos. En las pantallas, personas entristecidas (me recordó al consolador del Ciudat de Palma, pero a ver estas obras seguro que no vienen todas mis amigas corriendo). Bajando las escaleras, un juego doméstico con su zona de descanso incluida, todo muy ordenado. Por el pasillo inferior, un balón con espejitos, como las bolas de las discotecas, que proyecta la luz por las paredes. Al fondo, otro rostro triste. Ya imaginando que había terminado, pensando mas en el café que en otra cosa, me adentro en la ultima sala. Ahí mi pecado. Ante mí, una instalación con canciones de amor. Baile de dos. Luces de discoteca, ventilador y dos camisas blancas. Un sueño, una romántica danza magistral en armonía constante. Una gozada. Procurad no perdérosla, y si este articulo ya sale estando la exposición clausurada y no habéis ido a ver la pieza, pues os habéis quedado sin ver una de las obras mas interesantes del año. Vosotros mismos. Me tomé el café, pero casi llego tarde. Está claro que con estas prisas no se puede escribir sobre arte. |