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Por Antonio Camba Yuko Murata ( Kanagawa Japón. 1973) Galería Horrach Moya. Palma de Mallorca Hasta el 26 de febrero
Que difícil es poder opinar sobre la obra de un artista, cuando vas a ver una exposición de un creador del que no conoce nada y al entrar en la galería, el galerista te comenta una pequeña anotación del impresionante currículum y de sus magníficos representantes en el mundo del arte. Y además, en la inauguración no se escuchan otros comentarios que ... magnífico, genial, maravilloso, ... incluso el “catálogo”. Especialmente cuando a uno no se le dilata la pupila al contemplar la obra. Antes de empezar a comentar nada sobre la obra del artista, me gustaría hacer un comentario sobre la exposición, su montaje y el lujo que se ha dado en este caso el galerista al presentar 10 pequeñas piezas, de tamaño no más de dina4. Una exposición de esas en las que parece que se han extraviado las obras en la aduana, y se ha tenido que montar con los pequeños apuntes que había en el fondo de galería. Un lujazo para aquellos a los que nos gusta ver las obras en solitario, una a una, y no de tres en tres como es costumbre. De la obra poco que comentar. Pintura sobre soporte rígido, con pinceladas comedidas, gestuales pero con el color contorneado creando una tensión entre la forma recortada y el gesto de la pincelada. Parecen ilustraciones de un cuento. “Animalitos del bosque”. Apuntes rápidos en los que conviven dos ritmos de pinceladas, uno expresivo, gestual y valiente, y otro comedido, lento y retraído. Aparecen formas delimitadas por el color. Dos mundos bien separados, distintos, dando la sensación en alguna de las piezas, de torpeza compositiva, de dibujo y de color. Esa libertad creadora que solo los niños y los artistas “mayores” tienen. Todo ello nos lleva a apreciar una obra inocente, fresca, sencilla, íntima y tranquila. Sin grandes conflictos conceptuales ni alardes técnicos. ¿Y el montaje?, eso si que me parece una gran obra, una crítica al exceso de espectáculo, al consumismo. Un realce de lo íntimo, de lo pictórico, de lo esencial... No vuelve la pintura, vuelve la poesía. La flor para el artista por su sencillez y especialmente para Juan Antonio Horrach, un lujazo de galerista que tenemos en Palma. La nada, para el arte espectáculo y para esos montajes de exposiciones abigarrados en los que es imposible ver una obra sola. |