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Por Pau Waelder “BCN Works, 1997-2004. Calvin Klein, Dom, Camper” Santiago Vich Centre de Cultura “Sa Nostra” Palma de Mallorca Hasta el 7 de enero de 2006 Las fiestas navideñas son entre otras cosas uno de los momentos del año en que vivimos con más intensidad el consumismo y la superficialidad que caracterizan a nuestra sociedad actual. Por ello resulta especialmente oportuno mencionar en estas fechas el trabajo que el joven Santiago Vich (Eivisssa, 1976) presenta en la Sala de Cultura de “Sa Nostra”.
Bajo el título “BCN Works”, Vich ha recogido en una serie de proyecciones su experiencia de siete años como dependiente en la tiendas Calvin Klein, Dom y Camper de Barcelona, lugares de culto de lo más moderno y “fashion” en una ciudad que se ha reinventado a sí misma como capital del diseño y las tendencias. Con ello quiere, por una parte, formular una especie de autobiografía del artista en aquel aspecto de su vida que normalmente queda fuera del currículum, esto es, el (inconfesable, anodino, mal pagado) trabajo con que se gana la vida. Por otra parte, el testimonio de sus experiencias lleva inevitablemente a una parodia del consumismo y un cuestionamiento de las actitudes de los compradores, y de ese espacio social en que se han convertido las tiendas de moda. El título de la instalación nos remite a la tradición del arte conceptual: el doble uso de la palabra “trabajo”, que recuerda al Grup de Treball de artistas catalanes de los 70, o el concepto de “acciones” propio de Vito Acconci, entre otros. Sobre esta base, el artista ibicenco presenta su obra en forma de registros de acciones llevadas a cabo mientras trabajaba en las citadas tiendas, y diálogos que recuerda haber mantenido con los clientes en diversas situaciones. Las acciones consisten en pequeños “atentados conceptuales”, tales como poner la música de Calvin Klein en Dom, desplazar precios o artículos, o reelaborar el logo de Dom con la estética del de Camper. Los diálogos recogidos por el artista suponen anécdotas, en ocasiones bastante graciosas, de las situaciones que se producen en las tiendas cuando un cliente intenta conseguir una prenda rebajada o sufre la frustración de no poder comprar aquello que desea (“se nos ha acabado”). En conjunto, la obra de Vich refleja algunos de los múltiples absurdos del consumismo actual pero no logra superar la banalidad en la que se halla inserta. Aunque su planteamiento se vincula con las acciones de los artistas conceptuales, no deja de tratarse de ligeras “gamberradas” que el artista ha podido llevar a cabo (lógicamente, sin arriesgar su puesto de trabajo), con una base conceptual débil. La aparente crítica que hace de la política empresarial de las grandes marcas para las que ha trabajado resulta en definitiva bastante tibia (sin embargo, en las dos ocasiones en las que he visitado la exposición, la proyección de la tienda de Camper estaba apagada - ¿casualidad?). Los diálogos reflejan en algunos casos deseos y frustraciones con las que nos podemos identificar como consumidores, así como el potencial surrealista de la vida cotidiana, pero quedan en el nivel de la anécdota que se relata a los amigos al acabar la jornada. En el trabajo de Vich se intuyen ideas interesantes, pero el resultado final pierde fuerza, más aún si consideramos que tras siete años de experiencias el material obtenido es bastante reducido. Tal vez sea preciso ver el desarrollo posterior de las ideas de este joven artista, pero en definitiva la presente exposición nos habla de un trabajo aún por madurar. |