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IMÁGENES DEL NO-LUGAR. Xisco Bonnin. Galería Xavier Fiol - REVISTA DE ARTE CONTEMPORÁNEO AMBLART.com

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IMÁGENES DEL NO-LUGAR. Xisco Bonnin. Galería Xavier Fiol

Por Pilar Ribal

Galería Xavier Fiol, Palma de Mallorca
Hasta el 10 de septiembre (agosto cerrado)

 

IMÁGENES DEL NO-LUGAR

¿Quién no recuerda “On the road”, la famosa novela con la que Jack Kerouac exaltaba la experiencia del viaje y todas esas ideas románticas del encuentro inesperado, del descubrimiento y de la aventura? Otro viaje, uno proyectado para constatar la esencia de ese paisaje que envuelve y rodea la carretera en la era postindustrial, un recorrido de 2.500 kilométros por la costa del Mediterráneo Sur realizado en solitario con su automóvil, es el punto de partida de “Motorland”, la segunda individual de Xisco Bonnin (Palma de Mallorca, 1967) en la Galería Xavier Fiol de Palma.

Se trata de una exposición muy bien pensada y resuelta, con un cuidado montaje que se centra en cuatro únicas fotografías impecablemente reveladas y presentadas, el video que va proyectando las distintas secuencias seleccionadas y una escultura-objeto (un motor de explosión mecánica), obras todas ellas más que suficientes para materializar contundentemente la nueva reflexión del artista. A partir de una argumentación de mayor calado que convierte la idea del viaje en una experiencia estética efímera, Bonnin se posiciona críticamente respecto a esos espacios anónimos cuya uniformidad sórdida ha extendido la mancha de la civilización más allá de toda frontera y advierte sobre la fugacidad de la información visual que tenemos a nuestro alcance. Cientos, miles de imágenes aleatorias quedaron registradas en su cámara antes de seleccionar las que han quedado fijadas en cada fotografía acabada. Pero las pocas que se ofrecen a nuestra vista no dejan lugar a dudas: todos hemos estado en esos lugares que no dejan ningún recuerdo sustancial, ninguna impresión memorable. Sin embargo, y ahí está el punto de matizada ironía que hace que los contenidos de esta exposición crezcan sobre sí mismos, muchos de estos espacios anuncian esos otros, los soñados, a los que en realidad queremos ir. Con tintes romanticones de película americana de los años cincuenta, se van sucediendo las sutiles alusiones al “glamour” o la “fantasía”.  Los rótulos que salen a nuestro encuentro continuamente anunciando restaurantes, clubs, hoteles e incluso lejanos destinos lo corroboran, haciéndonos pensar también en cuánto tiempo pasamos deseando aquello que aún no hemos alcanzado.

Lo cierto es que, tanto en el fondo como en la forma, Xisco Bonnin nos ha sorprendido firmando una de sus mejores puestas en escena y llevando su inquietud por los espacios urbanos a un nivel artístico de una madurez inédita en su trayectoria. Pues, aunque ya había realizado interesantes series de fotografías sobre espacios industriales, estas nuevas imágenes suyas del no-lugar están conjugadas con tal rigor documental y artístico y poseen un trasfondo conceptual y teórico tan sólido que suponen el punto más álgido en su quehacer hasta la fecha y nos permiten situarlas en el centro de uno de los debates más consistentes del arte contemporáneo, ese que se cierne sobre los espacios vitales de las sociedades industriales maduras y sus derivas.

Con una impecable y “descuidada” atención al detalle y dosis medidas de narratividad, la cámara de Xisco Bonnin conjuga un singular repertorio de formas naturales e industriales capaces de reflejar la típica simbiosis del paisaje postmoderno, su homogeneidad frustrante, su ausencia de identidad. Sólo la presencia azarosa de alguna que otra palmera o los letreros luminosos en castellano y los perfiles del toro de Osborne, nos ayudan a situarnos en el levante español. Pero podríamos hallarnos también en cualquier cruce de caminos, en ese territorio periférico impreciso dibujado por la arquitectura de polígonos industriales, moteles, naves, supermercados, clubes nocturnos, aparcamientos, depósitos, gasolineras, puentes, túneles, farolas, zonas de descanso, aeropuertos, etc., y por los incontables coches, autobuses, grúas, tractores, aviones y toda clase de ingenios mecánicos que habitan ese continuum aparentemente inhóspito por el que solemos desplazarnos a gran velocidad mientras nos desplazamos de uno a otro lugar.

Pero es precisamente esta característica impersonalidad que diluye los límites espacio-temporales y que nos impide ubicarnos en un lugar determinado, uno de los recursos expresivos utilizados más conscientemente por Xisco Bonnin. Este paisaje saturado de reclamos visuales muy potentes, el conglomerado infinito de imágenes que se suceden una tras otra sin casi oportunidad de dejar huella en nuestra memoria cumple la decisiva función de introducir un cuestionamiento sobre nuestra relación y percepción con ese entorno artificioso que hemos construido al amparo de nuestras necesidades de progreso y confort.

Como revelan las fotografías digitalmente manipuladas por Xisco Bonnin, poco o nada de todo cuanto vemos permanece en nuestro cerebro, que ha llegado a ser casi insensible a toda esa hipérbole icónica con la que convivimos diariamente. Haciendo un uso brillante del clásico recurso del “cuadro dentro del cuadro”, el artista despliega un universo dislocado de palabras perdidas, reflejos fugaces y destellos de actividad comunes y corrientes que tienen la virtud de ejemplificar la pérdida de identidad que afecta a todas las dimensiones de nuestra vida. Una pareja se detiene para fumar un pitillo. La hilera de camiones espera su mercancía. El rótulo de neón cumple su función informativa. El piloto espera su turno. El conductor descansa. Alicante, Murcia, Almeria... o, tal vez, la Costa Este de los Estados Unidos... Todo es previsible y rutinario. Idéntico de un día a otro, como nos advierte la música que Pedro Tous ha compuesto para el video que proyecta una sobre otra las secuencias de ese viaje a ninguna parte que ya forma parte de nuestra diaria rutina de vida.